(Compartido de AFRIK «Claude Mangin et Naama Asfari : combat pour les droits humains au Sahara occidental et «Marche pour la liberté»»)
Ali Attar
A la sombra de grandes conflictos internacionales está a veces en juego el destino de pueblos enteros. En el corazón de una de estas luchas poco conocidas se encuentra la figura de Claude Mangin, un profesor de francés que se convirtió, casi a pesar de sí mismo, en el rostro de una lucha por la justicia. Su nombre ahora resuena como símbolo de resistencia pacífica frente a la opresión. Esposa de la activista saharaui Naama Asfari, representa la perseverancia feroz frente a las injusticias que afligen al pueblo del Sáhara Occidental. Su historia compartida, tejida de dolor y esperanza, ilustra el precio personal que pueden pagar quienes defienden los derechos humanos en zonas de conflicto.
Encuentro y compromiso
El destino de Claude Mangin cambió a principios de la década de 2000 cuando conoció a Naama Asfari. Lo que podría haber sido una simple historia de amor rápidamente se convierte en el punto de partida de un profundo compromiso político. Claude descubrió entonces la realidad poco conocida del Sáhara Occidental –un territorio colonizado desde su anexión por Marruecos en 1975– y la lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación.
Naama Asfari, nacida en 1970, no es una activista común. Abogado formado en los principios del derecho internacional y cofundador de una organización de derechos humanos, se ha consolidado como una voz respetada del movimiento por la paz saharaui. Su compromiso le había valido, antes de su encuentro con Claude, varias detenciones por parte de las autoridades marroquíes, que veían con recelo sus actividades militantes, aunque no violentas.
La detención de Naama Asfari y las condiciones de detención
En noviembre de 2010, el campamento de protesta pacífico de Gdeim Izik, cerca de El Aaiún, en el Sáhara Occidental, fue desmantelado violentamente por fuerzas marroquíes. Naama Asfari fue arrestada allí y acusada de participar en actos violentos. A esto le siguió un proceso judicial controvertido que culminó en su condena a 30 años de prisión en 2013. Este veredicto llega al final de un juicio que los observadores internacionales, desde Amnistía Internacional hasta Human Rights Watch, describen unánimemente como injusto. Estas organizaciones documentan metódicamente las denuncias de tortura, malos tratos y la evidente falta de garantías procesales.
Para Claude Mangin, esta convicción marca el comienzo de un nuevo capítulo en su vida: la de una mujer que, por la fuerza de las circunstancias, se ha convertido en la portavoz de una causa. Incansable, desde entonces ha multiplicado las intervenciones en los medios de comunicación, las conferencias y los llamamientos a organismos nacionales e internacionales para que se reconozca el estatuto de preso político de su marido.
Denegación de entrada a Marruecos y lucha incesante
Más allá de la injusticia de la detención, Claude Mangin se topó rápidamente con otro obstáculo: la imposibilidad misma de visitar a su marido. Entre 2016 y 2018, las autoridades marroquíes le negaron sistemáticamente la entrada a su territorio, sin ofrecer nunca una justificación oficial para estas expulsiones.
Ante lo que consideraba una flagrante violación de sus derechos matrimoniales más básicos, Claude Mangin dio un paso adelante en 2018: inició una huelga de hambre en Ivry-sur-Seine, en la región parisina. Este gesto desesperado encuentra un eco inesperado. Asociaciones de derechos humanos, cargos electos locales y nacionales, ciudadanos de a pie: una ola de solidaridad se forma en torno a esta mujer que pone en riesgo su salud simplemente para poder ver a su marido. Tras varias semanas de creciente movilización, finalmente obtuvo el derecho de visita, aunque éste sigue siendo precario y sujeto a innumerables restricciones administrativas.
Un viaje de 3.000 kilómetros por la liberación de los presos políticos saharauis. Esta es la nueva etapa de su lucha. El pasado domingo 30 de marzo se marcó una nueva etapa en esta lucha de largo plazo con el lanzamiento de una iniciativa tan simbólica como ambiciosa: la “ Marcha por la Libertad ”. Desde la explanada del Ayuntamiento de Ivry, varios defensores de derechos humanos iniciaron un viaje de 3.000 kilómetros que les llevará a Marruecos . Su reivindicación es doble y clara:
- Garantizar el derecho de Claude Mangin a visitar a su marido Naama Asfari, encarcelado desde hace más de una década.
- Obtener la liberación de todos los presos políticos saharauis detenidos en cárceles marroquíes.
El inicio de esta marcha tomó la apariencia de una celebración popular y militante. Cantos y danzas tradicionales saharauis amenizaron la reunión antes de que los participantes partieran hacia Vitry, la primera parada de un viaje que los llevará a través de Francia y luego España, hasta la prisión de Kenitra , donde Naama Asfari cumple su condena.
Debates para visibilizar la cuestión saharaui
Según explica la Asociación de Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática (AARASD), los participantes marcharán » desde el 30 de marzo hasta junio para encontrarse con el mayor número posible de mujeres y hombres de buena voluntad para hablar de los saharauis y contar su historia poco conocida «. Cada escala se convierte así en una ocasión para conferencias, debates y testimonios destinados a sensibilizar a la opinión pública europea sobre un conflicto en gran medida ignorado por los medios de comunicación internacionales.
Llamado de AARASD y reconocimiento de la ONU
La AARASD subraya la legitimidad de esta acción recordando un hecho crucial: « Marcharemos para conseguir la liberación de todos estos activistas saharauis detenidos simplemente por haber solicitado la aplicación de su derecho a la autodeterminación, reconocido por la ONU . Y, sobre todo, no olvidemos nunca que en 2023 la ONU los declaró en detención arbitraria, lo que significa que deben ser liberados ».
Esta declaración pone de relieve un punto jurídico fundamental: el reconocimiento por parte de los órganos de la ONU del carácter arbitrario de estas detenciones. Se transforma así una reivindicación militante en una exigencia basada en el derecho internacional, reforzando la legitimidad de una movilización que ahora trasciende fronteras.
Una lucha que continúa
La lucha liderada por Claude Mangin se desarrolla en un contexto geopolítico particularmente complejo. El Sáhara Occidental representa una de las últimas situaciones coloniales no resueltas en África, un territorio donde los intereses estratégicos y económicos se entrelazan con las legítimas aspiraciones de un pueblo a la autodeterminación. En esta partida de ajedrez internacional, el compromiso de Claude Mangin y de sus seguidores aporta una dimensión humana esencial.
- Obtener la liberación de Naama Asfari y otros presos políticos saharauis.
- Alertar a la opinión pública y a las instituciones sobre la situación en el Sáhara Occidental.
- Defender el derecho fundamental de Claude Mangin a visitar a su marido encarcelado.
- Promover una solución pacífica del conflicto, de conformidad con las resoluciones de la ONU que prevén la organización de un referéndum de autodeterminación.
La «Marcha por la Libertad» de 3.000 kilómetros simboliza la historia de Claude Mangin y Naama Asfarcette: comenzó con el sufrimiento individual (el de una esposa separada de su marido) y se expandió gradualmente hasta abarcar la causa colectiva de un pueblo en busca de reconocimiento.