Siempre quise escribir una historia en la que un personaje fuera poeta y cantara al paisaje, a las montañas y a la lluvia. Un personaje lleno de sabiduría y belleza, que fuera guía de un campamento nómada de trashumantes. El anciano poeta de los Omar Uld Musa, es ese espíritu libre que conoce la arena, las dunas, los árboles  y solo está atado a la inmensidad.

En esta novela Amor en la villa del mar Blanco, la vida supera al dolor, la destrucción y la muerte. El campamento de Beruaga vive en la memoria de Sidi y Naiara, en su intento de volver a la Villa del mar Blanco y recuperar la historia de una familia a través de varias generaciones.

Las dunas son el horizonte que buscan los nómadas, una mirada al cielo poblado de estrellas

Los pastores se asustan al ver el mar y los pescadores no conocen las jaimas negras ni los dromedarios. En este contexto el campamento de jaimas mira la pequeña villa de casas blancas y a partir de allí nace un encuentro entre dos pueblos, dos formas de entender la vida.

Las dunas son el horizonte que buscan los nómadas, una mirada al cielo poblado de estrellas. Hogueras que nacen en medio de la oscuridad y voces lejanas que susurran en la noche esas  huellas que viajan desde Beruaga hasta el mar Blanco.

(…)