Argelia convierte su pasado colonial en ley y sitúa a Francia ante una responsabilidad histórica

Argelia convierte su pasado colonial en ley y sitúa a Francia ante una responsabilidad histórica

Argelia ha dado un paso político y jurídico de gran alcance al aprobar una ley que califica la colonización francesa como un crimen de Estado imprescriptible. No se trata de una declaración simbólica ni de un gesto retórico, sino de una norma con valor legal que redefine la manera en que el Estado argelino aborda su pasado colonial y sus consecuencias presentes.

La ley fue aprobada el 24 de diciembre de 2025 por la Asamblea Popular Nacional a iniciativa de diputados argelinos. Su objetivo es trasladar el colonialismo del terreno exclusivo de la memoria histórica al ámbito del derecho, estableciendo que los actos cometidos por Francia durante la ocupación de Argelia entre 1830 y 1962 constituyen crímenes que no prescriben con el paso del tiempo.

El texto parte de una afirmación clave para entender su alcance. Argelia no era un territorio vacío ni sin estructura política antes de la invasión francesa. Existía una entidad organizada, con instituciones propias y capacidad para firmar tratados. Desde esta base, la ocupación francesa es definida como una violación del derecho internacional y no como un episodio histórico discutible o contextualizable.

La ley describe la colonización como un sistema planificado de dominación y desposesión. No se limita a mencionar abusos aislados, sino que presenta la violencia colonial como una política estructural. Se recogen las masacres colectivas, las campañas de exterminio, los desplazamientos forzados de población, la tortura sistemática y el uso de la violencia sexual como instrumentos de control.

Un apartado central se refiere a los ensayos nucleares y químicos realizados por Francia en el Sahara argelino. Estos hechos son calificados explícitamente como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La ley subraya que sus efectos sanitarios y ambientales siguen afectando a las poblaciones locales, lo que refuerza la idea de que el colonialismo no es un asunto cerrado del pasado.

Uno de los puntos más contundentes del texto es la imprescriptibilidad de los crímenes coloniales. Esto significa que el tiempo transcurrido desde los hechos no anula la posibilidad de exigir responsabilidades. La colonización es definida como un crimen de Estado, lo que implica que la responsabilidad no se limita a individuos concretos, sino al propio aparato estatal que la diseñó y ejecutó.

En materia de reparaciones, la ley va más allá de las declaraciones de reconciliación. El Estado francés es señalado como responsable jurídico de las consecuencias del colonialismo y se formulan exigencias concretas. Entre ellas figuran las disculpas oficiales, la restitución de archivos y bienes expoliados, la devolución de los restos de combatientes de la resistencia conservados en museos franceses y la descontaminación de los sitios nucleares del Sahara.

Argelia se compromete a utilizar todos los medios diplomáticos y jurídicos disponibles para hacer valer estas demandas. La memoria deja de ser un terreno exclusivamente moral para convertirse en una herramienta de acción política y jurídica. El mensaje es claro: no puede haber cierre del pasado sin reconocimiento y reparación.

La ley incluye además un componente penal destinado a proteger la memoria histórica frente al revisionismo. Se criminaliza la glorificación, justificación o apología del colonialismo francés en el ámbito mediático, académico o cultural. Las sanciones previstas incluyen penas de prisión y multas elevadas, lo que refleja la voluntad de fijar límites claros al discurso público.

También se introduce la noción de alta traición para quienes colaboraron con la administración colonial, reforzando la centralidad del combatiente anticolonial en la identidad nacional argelina. Esta dimensión interna busca blindar el relato fundacional del Estado surgido de la guerra de independencia.

La aprobación de la ley ha provocado una reacción inmediata en Francia, donde ha sido calificada como un acto hostil que puede dificultar las relaciones bilaterales. Desde Argel se insiste en que la norma no va dirigida contra el pueblo francés, sino contra el Estado colonial y su responsabilidad histórica. La reconciliación, sostiene Argelia, no puede construirse sobre el olvido ni la ambigüedad.

Este giro legislativo trasciende la relación entre Argelia y Francia y conecta con una cuestión más amplia que sigue abierta en África: la persistencia de situaciones coloniales no resueltas. Al afirmar que el colonialismo es un crimen imprescriptible, Argelia envía un mensaje que interpela a todos los Estados que han evitado asumir su responsabilidad histórica.

En este contexto, el Sáhara Occidental aparece como un caso evidente de colonialismo pendiente. Es el último territorio africano incluido por Naciones Unidas en la lista de territorios no autónomos y su pueblo sigue privado de su derecho a la autodeterminación. La experiencia argelina recuerda que el paso del tiempo no convierte una injusticia en legalidad.

Del mismo modo que Argelia rechaza que su colonización sea tratada como una cuestión de memoria abstracta o de interpretación histórica, el pueblo saharaui rechaza que su causa sea reducida a una disputa regional o a un problema técnico de gestión. En ambos casos, el núcleo del conflicto es la negación de un derecho reconocido por el derecho internacional.

La ley argelina refuerza un principio esencial. No puede haber reconciliación sin reconocimiento del daño causado ni paz duradera sin restitución de derechos. Este mensaje resulta especialmente pertinente en un momento en que se intenta normalizar ocupaciones ilegales o presentar soluciones impuestas como inevitables.

Para el Sáhara Occidental, y para España como potencia administradora que nunca culminó el proceso de descolonización, este debate no es ajeno ni lejano. La iniciativa argelina pone de relieve que las responsabilidades coloniales no desaparecen por silencio ni por acuerdos políticos que ignoran a los pueblos afectados.

Argelia ha decidido fijar en la ley que el colonialismo es un crimen que no prescribe. Mientras existan territorios pendientes de descolonización y pueblos privados de sus derechos, esta afirmación seguirá siendo un recordatorio incómodo pero necesario de que la historia no está cerrada.

Origen: Loi sur la criminalisation du colonialisme : un vote historique pour la mémoire – 24H Algérie – Infos – vidéos – opinions.


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