Caleidoscopio de sensaciones | La obra de KIMIKA es distinta, única, extrema, personal e intransferible, como el mundo extremo de la mujer saharaui

Caleidoscopio de sensaciones | La obra de KIMIKA es distinta, única, extrema, personal e intransferible, como el mundo extremo de la mujer saharaui

 

KIMIKA ha pasado temporadas en los campamentos de refugiados en Tinduf, allí donde, desde hace años, se viene celebrando ARTIFARITI, encuentros de artistas internacionales en los propios campamentos que sirven para poner de actualidad la problemática de aquellos pueblos, desamparados por la política de los países implicados y el yugo amenazador de Marruecos que miran hacia otro lado ante la aplastante y descarnada realidad existente. En aquellos territorios, la artista ha conocido de primerísima mano la problemática, llenándose de los infinitos esquemas de un pueblo con muchos registros, tanto existenciales como culturales. Allí colaborando estrechamente con ellos ha asumido muchas de sus costumbres; por eso la obra que ha ocupado los espacios del antiguo recinto militar gaditano está llena de muchos de esos rasgos distintivos captados en la vivencia íntima con la gente; especialmente de las infinitas manifestaciones coloristas que se encuentran en torno a la vida de las mujeres saharauis.

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