TEMA DEL DÍA – 17 de marzo de 2026
Por Carlos C. Cristóbal – Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
La publicación reciente de una tribuna en un think tank estadounidense, en la que se plantea abiertamente la posibilidad de una “nueva Marcha Verde” hacia Ceuta y Melilla, no puede ser leída como una simple provocación aislada. Más allá del tono deliberadamente polémico del texto, lo que revela es un fenómeno más profundo: la progresiva internacionalización de una narrativa que busca trasladar al caso español los mismos argumentos utilizados durante décadas para justificar la ocupación del Sáhara Occidental.
El artículo, firmado por el analista estadounidense Michael Rubin y publicado en el entorno del Middle East Forum, propone explícitamente un escenario de hecho consumado inspirado en 1975: movilización civil, presión en frontera y ocupación simbólica de territorio bajo la cobertura de una supuesta legitimidad histórica o descolonizadora. No se trata únicamente de una opinión provocadora. Es un ejercicio de construcción narrativa con objetivos políticos claros.
Una narrativa que se expande
Uno de los elementos más relevantes del texto no es tanto su contenido literal como el marco en el que se inscribe. Rubin no escribe desde un medio marginal, sino desde un ecosistema ideológico bien definido, vinculado a think tanks estadounidenses que operan en la intersección entre análisis estratégico, posicionamiento político e influencia internacional.
Este tipo de entornos no se limita a interpretar la realidad: contribuye activamente a modelarla. La producción de discursos, la introducción de marcos conceptuales y la repetición de determinadas ideas forman parte de una estrategia más amplia de legitimación política. En ese contexto, el desplazamiento del foco desde el Sáhara Occidental hacia Ceuta y Melilla no es casual.
Lo que se observa es un proceso de ampliación del relato. Argumentos que durante años se han utilizado para presentar el Sáhara Occidental como un caso de “descolonización incompleta” comienzan a proyectarse ahora sobre otros territorios, en este caso ciudades españolas con estatus plenamente consolidado dentro del orden jurídico internacional.
El precedente del Sáhara Occidental
El paralelismo con la Marcha Verde no es una simple referencia histórica. Es un elemento central del discurso. La Marcha Verde de 1975 se presenta en estos textos como un modelo exitoso de presión política a través de movilización civil, capaz de alterar hechos sobre el terreno sin recurrir formalmente a la violencia directa.
Ese precedente ha sido clave en la construcción del relato marroquí sobre el Sáhara Occidental, y su reactivación en el contexto de Ceuta y Melilla introduce un elemento preocupante: la normalización de la idea de que este tipo de estrategias pueden ser replicables.
Sin embargo, conviene subrayar una diferencia fundamental. Mientras que el Sáhara Occidental sigue siendo reconocido por Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización, Ceuta y Melilla no forman parte de ningún proceso de ese tipo ni son objeto de reconocimiento internacional como territorios en disputa. Equiparar ambos casos no responde a un análisis jurídico riguroso, sino a una operación discursiva.
La ambigüedad como herramienta
Otro de los elementos centrales del texto es la utilización de la ambigüedad jurídica, en particular en lo relativo a la OTAN. El argumento de que Ceuta y Melilla no estarían claramente cubiertas por el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte se presenta como un factor que reduciría la capacidad de respuesta internacional ante un escenario de presión.
Este tipo de razonamiento no es nuevo. Forma parte de una lógica más amplia que consiste en identificar zonas grises del derecho internacional y utilizarlas como base para construir escenarios de hecho consumado. No se trata de demostrar una posición jurídica sólida, sino de introducir dudas, erosionar certezas y generar la percepción de que determinadas acciones podrían quedar sin respuesta efectiva.
España en el centro del tablero
La importancia de este tipo de discursos no reside en su capacidad inmediata para generar cambios sobre el terreno, sino en su potencial para modificar el marco del debate. En el caso español, Ceuta y Melilla representan uno de los puntos más sensibles de la política exterior y de seguridad.
En los últimos años, estas ciudades han sido escenario de tensiones vinculadas a la presión migratoria, a la relación bilateral con Marruecos y a la gestión de las fronteras exteriores de la Unión Europea. En ese contexto, cualquier intento de introducir dudas sobre su estatus o de presentar escenarios de “descolonización pendiente” tiene un impacto político evidente.
No es casual que este tipo de discursos emerjan en un momento de reconfiguración geopolítica más amplia, marcada por la crisis energética, las tensiones internacionales y la redefinición de alianzas.
Más allá de la provocación
Reducir el texto de Rubin a una provocación marginal sería un error de análisis. Lo relevante no es tanto la viabilidad de las propuestas que plantea, sino el hecho de que contribuye a desplazar el marco del debate.
Las narrativas geopolíticas no se imponen de un día para otro. Se construyen mediante la repetición, la legitimación progresiva y la introducción de ideas que, en un primer momento, parecen inaceptables, pero que con el tiempo pueden convertirse en parte del debate público.
En este sentido, la referencia a una “nueva Marcha Verde” hacia Ceuta y Melilla no debe interpretarse como un escenario inmediato, sino como la formulación de una posibilidad discursiva. Y es precisamente ahí donde reside su importancia.
Una batalla de relatos
El caso del Sáhara Occidental ha demostrado hasta qué punto las batallas geopolíticas se libran también en el terreno del lenguaje y de la legitimidad simbólica. La construcción de relatos, la reinterpretación de la historia y la utilización de conceptos como “descolonización” forman parte de estrategias más amplias de posicionamiento internacional.
Lo que muestra este episodio es que esa batalla narrativa no se limita al Sáhara Occidental. Se está extendiendo. Y lo hace a través de canales que combinan legitimidad académica, influencia política y capacidad de difusión internacional.
Comprender este fenómeno es esencial para analizar no solo la evolución del conflicto saharaui, sino también las dinámicas de seguridad en el conjunto del Magreb y del Mediterráneo occidental.
Porque, en el escenario actual, los conflictos no empiezan únicamente sobre el terreno. Empiezan, cada vez más, en el plano de las ideas.
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