En paralelo a la evolución del conflicto del Sáhara Occidental y al refuerzo del eje entre Marruecos, Estados Unidos e Israel, comienzan a circular en determinados círculos de análisis internacional discursos que apuntan a una posible reactivación del debate sobre Ceuta y Melilla. Estas posiciones, todavía marginales, reflejan sin embargo una tendencia más amplia: la utilización de cuestiones territoriales como instrumento de presión en un contexto geopolítico en transformación.
Un discurso que reaparece en el entorno estadounidense
En las últimas semanas, algunos analistas vinculados a think tanks estadounidenses han planteado abiertamente la posibilidad de revisar el estatus de Ceuta y Melilla, en el marco de las relaciones entre Estados Unidos, España y Marruecos.
Estas posiciones, que no forman parte de la política oficial, introducen sin embargo un elemento significativo: la instrumentalización de los equilibrios territoriales en función de alianzas estratégicas. En este caso, Marruecos aparece como un socio consolidado de Washington, mientras que España queda expuesta a presiones indirectas.
La conexión con el Sáhara Occidental
Este debate no puede entenderse al margen del Sáhara Occidental. El respaldo de Estados Unidos al plan de autonomía marroquí, reforzado en el marco de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, ha consolidado la posición de Rabat en el escenario internacional.
En este contexto, el conflicto deja de ser únicamente una cuestión de descolonización pendiente para integrarse en una lógica geopolítica más amplia, donde los apoyos internacionales se traducen en margen de maniobra para Marruecos en distintos frentes.
Ceuta y Melilla como espacio de presión indirecta
A esta dimensión estratégica se suma un elemento ya conocido: la vulnerabilidad de Ceuta y Melilla en escenarios de presión híbrida. Episodios como la crisis migratoria de mayo de 2021 evidenciaron hasta qué punto los flujos migratorios pueden ser utilizados como herramienta política.
El aumento reciente de la presión migratoria en la frontera sur refuerza esta percepción y sitúa a ambas ciudades en una posición sensible dentro del equilibrio regional.
Entre la retórica y la realidad
Conviene, no obstante, distinguir entre discursos y decisiones políticas. Las propuestas surgidas en entornos de análisis no implican necesariamente un cambio inmediato en la posición de los Estados.
Sin embargo, su existencia revela una tendencia de fondo: la creciente interconexión entre conflictos regionales, alianzas internacionales y disputas territoriales. En este nuevo escenario, el Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla aparecen cada vez más vinculados dentro de una misma dinámica geopolítica.
El conflicto del Sáhara Occidental continúa siendo el eje central, pero sus implicaciones se extienden más allá del propio territorio.
La aparición de estos discursos en torno a Ceuta y Melilla no constituye aún una amenaza directa, pero sí un indicio de cómo las relaciones de poder en la región están evolucionando.
Y, sobre todo, de cómo el equilibrio entre derecho internacional y geopolítica sigue desplazándose.
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