Donde finalizaba la cabeza de la playa, en las azules aguas marinas del Atlántico, surge en la periferia, un barrio de colonos marineros y mineros que llevaba el nombre de la charca, casi un aguazal, en medio de la estrecha península de Nuadibu que comparte fronteras con la localidad de la Gűera. Era un lugar ahogado siempre por salitre, olor a bacalao y polvo de hierro que desprendía de las cubiertas de los vagones de los trenes, llegados de otra lejana ciudad. En aquellos confines donde se une el desierto con el mar, nacía,a finales de 1959, Christian Cubiselles Bernard , alias Mohamed Rachid, fruto de la unión de un francés de Marsella y de una joven española de la isla de Lanzarote. El advenimiento coincidió con un severo oleaje, inquieto y casi inseguro, quizá provocado por el comienzo de la subida de Orión hacía su posición ordinaria en el firmamento. Años más tarde; Y después de una larga enfermedad, murió el padre.
Tras el fatídico suceso familiar, a los siente años, el hijo llegaba a la ciudad de Dahjla. En esa Villa también costera, su madre contrajo matrimonio con un canario llamado Pepe y, fruto de esa union, nació su única hermana, Mónica.
Entre los barrios de Lebuichat y kseiquisat, Christian descubría a sus mejores amigos, y, a la vez, su nueva ciudad en unos momentos ostentosos, apacibles y de buena convivencia social.
La infancia se quedó inmiscuida al destino. De esa amistad natural y sincera se superaron los orígenes y los genes para forjarse una verdadera hermandad entre los muchachos oriundos del lugar y los originarios de otras aldeas. Ya no había diferencia alguna entre Christian, Moulud Meki, nafaå M.ismai (carancho ),Dih (cabo mula ) o Ahmed,el rubio. Todos eran de los barrios comunes,de los juegos ordinarios y de los barbulitos leídos. Los fines de semana, se reunían en casa de una gran Señora, Mueya, que con el tiempo y en las condiciones adversas se convirtió en una paradigmática mujer que abrazó a todos aquellos jóvenes que alcanzaron huyentes las zonas del refugio, sin sus padres. Desde entonces,Christian consideró a Mueya como su unica madre, hasta su último suspiro.
Tras los acontecimientos de 1975 ocurridos en la colonia del Sahara occidental, y a raíz del abandono bajo la baragua “operación golondrina “,Christian tomó las vertientes que habían elegido los compañeros, mientras que su familia en esos momentos se acunaba entre bultos, baůles y soldadesca en un ferry que llevó a los españoles de la última bandera.
Combatió como soldado intrépido entre Nuagchot y Lebuerat, y supo sobrepasar las dificiles pruebas de fuego. Por su valentía y sencillez acaparó el sentimiento de sus colegas de armas, pertenecientes a la segunda compañía de la tercera región militar. Sin remordimiento alguno y con plena convicción a favor de la causa de su pueblo,cayó en el combate el día veintidós de junio de mil novecientos ochenta y cinco, en Chbailat -Albid,tiris,tierra de misterios, emblemática; de canto de poetas y orgullo de legendarios guerrilleros. Y,entre los corazones de dos moles: Agzumal y Tagzumalit, quedó excavada su tumba, identificada con una gigantesca lápida que apunta hacía el cielo. Es cierto, entonces, que el destino inmortalizó a tantos hombres y mujeres al ponerles al servicio de la causa que defendieron con creces. En ese encuentro memorable con la historia se ilustra una huella imborrable que, al dia de hoy, se corrobora como una proeza y una elección individual y colectiva de todos aquellos, vivos y muertos, que han hecho de la libertad una meta.
Mohamidi Falkala
