El ex enviado personal de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Christopher Ross, analiza las negociaciones sobre el Sáhara Occidental en 2026 y advierte de que el nuevo proceso diplomático podría terminar en otro bloqueo. Christopher Ross, tras la adopción de la United Nations Security Council Resolution 2797, en su artículo Western Sahara: A Step Forward or Return to Stalemate?, analiza la nueva fase de contactos impulsada por Estados Unidos y advierte que, aunque se ha producido un movimiento diplomático tras años de bloqueo, el proceso podría terminar de nuevo en un estancamiento si no se resuelve el problema central del conflicto: la autodeterminación del pueblo saharaui.
Ross, que dirigió durante casi una década los esfuerzos de mediación de la ONU en este conflicto, considera que la resolución 2797 ha introducido un cambio significativo en el marco de las negociaciones. El Consejo de Seguridad expresó su apoyo a la disposición de Estados Unidos para acoger conversaciones y Washington ha aprovechado esa puerta para asumir un papel mucho más activo en el proceso. En la práctica, explica el diplomático estadounidense, Estados Unidos ha pasado a marcar el ritmo de las negociaciones, mientras que el enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, ha quedado en una posición de copatrocinador de las conversaciones.
Ese nuevo impulso se ha traducido en una serie de reuniones celebradas con discreción durante los primeros meses de 2026. Según Ross, delegaciones de Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania se reunieron en tres ocasiones entre enero y febrero: primero en Washington, después en la embajada estadounidense en Madrid y finalmente de nuevo en Washington. Estas reuniones, señala el ex mediador de la ONU, constituyen las primeras reuniones ministeriales dedicadas exclusivamente al Sáhara Occidental y han reactivado un proceso diplomático que llevaba prácticamente paralizado desde hace años.
Sin embargo, Ross subraya que el nuevo marco político de las negociaciones plantea interrogantes importantes. La resolución del Consejo de Seguridad adopta un enfoque que toma como base la propuesta de autonomía presentada por Marruecos, lo que supone una evolución respecto a posiciones anteriores del propio Consejo. Al mismo tiempo, el texto mantiene una formulación que sigue siendo fundamental en el derecho internacional: la necesidad de alcanzar una solución política que permita la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental.
Este equilibrio diplomático refleja la contradicción central del conflicto. Marruecos sostiene que la única solución posible es un régimen de autonomía bajo su soberanía. El Frente Polisario, por el contrario, insiste en que el conflicto solo puede resolverse mediante un referéndum de autodeterminación en el que el pueblo saharaui decida libremente su futuro político.
El ex enviado de la ONU considera que la actual fase de negociaciones implica una presión evidente sobre el Frente Polisario. Estados Unidos ha dejado claro que trabaja dentro del marco de la resolución 2797 y que no contempla alternativas fuera de la propuesta marroquí, lo que empuja al movimiento saharaui a participar en un proceso cuyo punto de partida no coincide con su posición histórica. Ross reconoce que aceptar ese marco puede resultar extremadamente difícil para un movimiento que durante medio siglo ha defendido el derecho a la independencia.
Aun así, el diplomático estadounidense señala que el Polisario podría optar por una estrategia pragmática: participar en las conversaciones sin aceptar de antemano el resultado, aplicando el principio diplomático según el cual nada está acordado hasta que todo está acordado. Esa participación permitiría mantener abierto el proceso político mientras se sigue defendiendo el principio de autodeterminación.
Para Ross, ese principio sigue siendo la cuestión decisiva. Cualquier acuerdo que se alcance, advierte, tendrá que contar con el respaldo de la mayoría del pueblo saharaui, tanto de quienes viven bajo administración marroquí como de quienes residen en los campamentos de refugiados en Argelia o en la diáspora. Un acuerdo adoptado sin ese consentimiento correría el riesgo de ser rechazado y de generar nuevas tensiones en el territorio.
El antiguo mediador también recuerda que el Frente Polisario mantiene una profunda desconfianza hacia las intenciones de Marruecos, especialmente después de que Rabat rechazara en 2003 el referéndum previsto en el plan de arreglo de 1991. Por esa razón, Ross considera imprescindible que cualquier acuerdo incluya garantías internacionales sólidas que permitan asegurar su cumplimiento.
En este contexto, el calendario que baraja Estados Unidos parece especialmente ambicioso. Washington aspira a lograr avances rápidos que permitan alcanzar un acuerdo marco a mediados de 2026 y un acuerdo final antes de octubre, cuando el Consejo de Seguridad vuelva a debatir el mandato de la misión de Naciones Unidas en el territorio, United Nations Mission for the Referendum in Western Sahara. Para Ross, sin embargo, ese calendario resulta muy optimista teniendo en cuenta la complejidad del conflicto y los largos años de bloqueo político.
En su conclusión, el diplomático advierte de que el proceso iniciado puede representar un paso adelante, pero también es extremadamente frágil. La dificultad de conciliar una negociación sobre un régimen de autonomía con el derecho de un pueblo a decidir su futuro político plantea una contradicción difícil de resolver. Si no se encuentra una fórmula que combine autogobierno real y autodeterminación aceptable para todas las partes, el riesgo de que el conflicto vuelva al punto muerto seguirá estando presente.
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— Oubi Bouchraya (@oubibachir) March 7, 2026
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