Serie 50 AÑOS DE LA RASD – El proceso político y sus límites actuales
Los encuentros celebrados en Washington en los últimos días no constituyen una negociación formal en curso. Esa es la precisión que ha querido introducir el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, en declaraciones a Europa Press, al afirmar que “no se ha entablado ningún tipo de negociación” formal con Marruecos bajo los auspicios de Estados Unidos y la ONU.
Las reuniones en la capital estadounidense se producen tras el encuentro ministerial celebrado previamente en Madrid, que concluyó sin avances sustanciales pero con el compromiso de mantener contactos. En ambos casos, el formato ha sido similar: participación de Marruecos y la representación saharaui, con Argelia y Mauritania como observadores, bajo un esquema de discreción y confidencialidad.
Sin embargo, según Arabi, estos contactos diplomáticos no equivalen a un proceso negociador estructurado. No existe —subraya implícitamente— una agenda acordada, un calendario formal ni un marco aceptado por ambas partes que permita hablar de negociación propiamente dicha. La diferencia no es menor: en términos políticos y jurídicos, contactos exploratorios no significan apertura de negociación.
El delegado saharaui introduce además un elemento de fondo: si el plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007 es realmente “la mejor solución”, no se entiende que no se permita al pueblo saharaui pronunciarse sobre él mediante un referéndum. La posición del Frente Polisario sigue remitiendo al principio de autodeterminación reconocido por las Naciones Unidas y reiterado en las resoluciones del Consejo de Seguridad.
En vísperas del 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, la matización adquiere peso político. El proceso, si avanza, será complejo y largo. Pero, por ahora, el mensaje del representante saharaui es claro: existen contactos diplomáticos; no existe una negociación formal en curso ni un acuerdo sobre el marco definitivo del proceso.
En el actual contexto internacional, donde el lenguaje moldea la percepción del conflicto, la precisión terminológica no es un detalle técnico. Define el estado real del proceso.
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