De Navarra al Sáhara, la maleta de los recuerdos | Diario de Navarra

La caja que sujeta Khadiyetu, de 7 años, viaja estos días a la hamada argelina llena de historias, una semana en la que las familias de acogida recuerdan con intensidad a sus niños saharauis

 

«Estoy bien, muy guapo y un poco nervioso porque ya nos toca”. Estas fueron las palabras que Gauz, de 18 años, envió la semana pasada a su familia de acogida en Navarra. El mensaje incluía una fotografía, la misma que se publica en este reportaje y en la que se ve a un adolescente convertido en soldado con un rostro cincelado por la firmeza de la hamada argelina. Serio y con uniforme militar, Gauz posa al atardecer unas horas antes de subir a la pick-up que le llevará al frente de guerra. Quizá su marcha coincida con el día en el que debería aterrizar esta semana en Noáin el vuelo charter con los cien niños y niñas saharauis que hasta 2019 disfrutaban del programa Vacaciones en Paz, cancelado por covid por segundo año.

Pero al nerviosismo se suma la impaciencia. Cuesta seguir esperando cuando todo alrededor es extremo: guerra, calor, falta de alimentos, pandemia, olvido… Estos días, el termómetro roza los 50 grados, incluso los 60, y la comida se distribuye de manera agónica. No llega la ayuda internacional y lo poco que se puede comprar se ha encarecido, explica Amaia Antoñana Azkarate, madre de acogida de Gauz. “La última vez que nos escribió, nos contaba que comen carne dos veces al mes y la verdura es imposible de conseguir. Menos mal que les acaba de llegar al campamento militar una cesta con alimentos procedente de la caravana que salió de España (Navarra envió tres trailers)”.

Entretanto, el joven soldado se distrae como puede. Se dedica a construir casas de ladrillo, arregla coches, pinta, bebe té con los amigos… Y cuando le toque partir al frente, aclara Amaia, el único petate que se colgará al hombro será el de los recuerdos. El mismo que se llevó al salir de casa un viernes 13 de noviembre de 2020, horas después de que el Frente Polisario rompiera el alto el fuego firmado con Rabat en 1991 tras el ataque de las fuerzas marroquíes contra un grupo de saharauis que bloqueaban el paso fronterizo de Guerguerat, en el extremo sur del Sáhara Occidental. Una vasta zona sin población donde Marruecos tiene instalada una aduana. “Hemos abierto las escuelas castrenses y se están llenando. Aquí se les ofrece entrenamiento para que puedan incorporarse lo antes posible al campo de batalla”, anunció entonces el Polisario.

Gauz entendió que su pueblo le necesitaba y se lo comunicó a su familia. Esa misma tarde, su padre acompañó a su hijo en coche hasta el cuartel de Rabuni, con lo puesto. Antes de dejar atrás una rodada de angustia y silencio, escribió a Amaia. El mensaje la impactó de lleno en la Plaza del Castillo de Pamplona, donde se celebraba una manifestación de apoyo al pueblo saharaui. Amaia se quebró en un llanto inconsolable.

Pues bien, ha llegado el día. Gauz se incorporará al campo de batalla cargado de recuerdos. Imágenes y sensaciones de los siete veranos que disfrutó en Navarra y en algunos coincidió con su hermano Brahim. Recuerdos de playa en Hondarribia, de piscina en Barañáin y de barracas en San Fermín. No olvida las risas y los juegos en familia con Itxaso, Amaia, Roberto, Titan, Amparo e Itziar Pérez de Heredia, con los que mantiene un contacto semanal si la cobertura lo permite. Estos días de junio están siendo especialmente complicados para las familias de acogida, teniendo en cuenta que Gauz no estará solo. En su misma unidad partirán otros adolescentes convertidos en soldados que también se han sentado en ese vuelo charter hacia Noáin.

Sáhara occidental

 

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