El espectáculo como distracción: fútbol, propaganda y ocupación del Sáhara Occidental

El espectáculo como distracción: fútbol, propaganda y ocupación del Sáhara Occidental

En Marruecos, el fútbol no es solo deporte. Es un instrumento político al servicio del Majzén, utilizado para fabricar consensos artificiales, neutralizar el descontento social y proyectar una imagen de normalidad que oculta una realidad marcada por la represión, la desigualdad y la ocupación ilegal del Sáhara Occidental. La Copa Africana de Naciones vuelve a demostrar hasta qué punto el espectáculo deportivo funciona como una cortina de humo cuidadosamente diseñada.

Desde las fases decisivas del torneo, diversas voces han señalado irregularidades, arbitrajes controvertidos y un contexto general de sospecha en torno al avance de la selección marroquí. Pero más allá de la polémica deportiva, lo relevante es el uso político del evento: el éxito futbolístico se convierte en una herramienta de distracción masiva, destinada a desviar la atención de los problemas estructurales que sufre la población marroquí y de la persistente ocupación del Sáhara Occidental.

La estrategia no es nueva. El Majzén ha recurrido históricamente al deporte, a los grandes eventos y a la exaltación nacionalista para reforzar su legitimidad interna y proyectar hacia el exterior una imagen de estabilidad y modernidad. Mientras se celebran victorias en los estadios, se silencian las voces críticas, se reprimen protestas sociales y se intensifica la represión en los territorios saharauis ocupados.

La euforia futbolística sirve así para anestesiar a una población golpeada por la pobreza, el desempleo y el abandono institucional. Las tragedias recientes —como el terremoto de Al Haouz, las inundaciones que arrasaron barrios enteros o la precariedad crónica en amplias zonas del país— quedan relegadas a un segundo plano. Tampoco cambia nada para quienes viven en asentamientos marginales, sin acceso digno a vivienda, sanidad o agua potable.

Los beneficios económicos y simbólicos de estos torneos no revierten en la ciudadanía. Las ganancias acaban concentradas en los mismos círculos de poder, vinculados a la monarquía y a los grandes intereses económicos del régimen. No se traducen en políticas sociales ni en mejoras reales de las condiciones de vida, del mismo modo que la explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental no beneficia a su pueblo, sino a empresas y estructuras ligadas a la ocupación.

Esta lógica es coherente: el mismo sistema que utiliza el fútbol para distraer a la población marroquí es el que niega al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación, reprime a activistas, expolia recursos y bloquea cualquier solución basada en el derecho internacional. El espectáculo sirve para ocultar la violencia estructural del régimen, tanto dentro de Marruecos como en los territorios ocupados.

El Majzén juega con las emociones colectivas para mantener a la sociedad atrapada en una ilusión de orgullo nacional, mientras perpetúa políticas autoritarias y un profundo desprecio por la dignidad humana. En ese juego, el ciudadano es reducido a espectador; el saharaui, a sujeto colonizado.

La pregunta sigue siendo inevitable: ¿hasta cuándo se seguirá utilizando el deporte como anestesia social para ocultar la injusticia, la desigualdad y una ocupación que ninguna copa ni ningún trofeo podrán legitimar?

Adaptación a partir de un texto de Mohamed Hassna Taleb

Origen: مباراة الخديعة وتبرير الكولسة – رابطة الصحفيين و الكتاب الصحراويين بأوروبا


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