El pueblo saharaui, refugiado desde hace 46 años – CEAS-Sahara

El día 20 de junio, es el día internacional de los refugiados. Desgraciadamente, todas las cifras marcan un aumento constante del número de personas que se encuentran en esta situación. Lejos de que los mecanismos internacionales sirvan para evitar o mitigar el exilio forzado y el refugio, asistimos a movimientos masivos de población obligada por las guerras y las persecuciones. Situación agravada por la necesidad económica que mueve a otros millones de personas a buscar nuevos horizontes más favorables lejos de sus lugares de origen.

Más allá de las grandes cifras, hay algunas poblaciones que tienen el estatuto de refugiado desde hace décadas. Si el aumento de las cifras es una muestra de ineficacia de las instituciones internacionales, la prolongación de la condición de exiliado, por definición temporal, a lo largo de décadas, lo es todavía más.

El pueblo saharaui, que vivía en la 53 provincia española, fue abandonado a su suerte y vio como Mauritania y Marruecos invadían su territorio. La feroz represión y persecución, especialmente marroquí, con bombardeos de napalm y desapariciones forzadas, llevo a una gran parte de la población a la huida y la búsqueda de refugio ante la imposibilidad de mantenerse en territorio saharaui por la violencia militar marroquí. Finalmente llegaron al sur de Argelia, que los acogió, dando lugar a los actuales campamentos de refugiados saharauis cerca de la población de Tindouf.

Todo esto pasaba en el año 1975, 46 años después, cerca de 180.000 saharauis, según los propios organismos internacionales, que constituyen algo más de la mitad de la población, siguen siendo refugiados.

46 años que no han servido para acabar con el origen de la condición de refugiado, con la celebración del referéndum de autodeterminación marcado por las Naciones Unidas y que debería haber garantizado hace décadas, a través del despliegue de la MINURSO sobre el terreno.

46 años en los que el pueblo saharaui ha visto cómo su situación temporal de refugiado se convertía en una condición que heredaban las nuevas generaciones nacidas en los campamentos, a lo largo de tantos años.

46 años en los que la ayuda alimentaria de emergencia se ha convertido en la fuente principal de la alimentación de este pueblo, acarreando numerosos déficits de todo tipo.

Años, en los que la otra parte de la población saharaui, la que se quedó en lo que era provincia española y hoy es territorio ocupado, ha sufrido todo tipo de represión, desapariciones, cárceles, condenas injustas, insultos, agresiones sexuales, en fin,  violaciones de todos y cada uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas y que esta institución, ha sido incapaz de garantizar, a pesar de que es una de sus obligaciones en conflictos de este tipo.

Una situación que, a partir de la impunidad de la represión, la explotación de los recursos naturales que no son suyos y las provocaciones y roturas de los acuerdos de alto el fuego por parte de Marruecos, han llevado al reinicio del conflicto armado.

El pueblo saharaui no debe padecer ni un mes más su situación de exilio, refugio y ocupación. Las instituciones internacionales, los países miembros del Consejo de Seguridad, las Unión Europea y Africana y, sobre todo España como potencia administradora han tenido décadas para acabar con esta situación. No se puede esperar más, contemplando como se premia la violación de derechos y la invasión por parte de Marruecos. No se puede contemporizar más con quien causa tanto dolor y frustración. Que el pueblo saharaui vote, que elija su destino, que consiga su libertad y que el año próximo, el 20 de junio, podamos decir que la comunidad internacional ha tenido un éxito, ha conseguido que uno de los conflictos de mayor duración haya finalizado con la libertad del Sáhara Occidental.

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