España prepara un nuevo movimiento diplomático hacia Argelia. El próximo viaje del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, busca sentar las bases de una futura cumbre entre Pedro Sánchez y el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune, en un contexto marcado por la crisis abierta tras el cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tiene previsto viajar a Argel en los próximos días con el objetivo de preparar una cumbre bilateral entre el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y su homólogo argelino, Abdelmadjid Tebboune. Se trataría de la primera visita oficial de Albares a Argelia desde su nombramiento, en un momento clave para la evolución de las relaciones entre ambos países.
El viaje llega tras varios años de tensiones diplomáticas, originadas principalmente por el giro del Gobierno español en 2022 al respaldar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Esta decisión supuso una ruptura con la tradicional posición de neutralidad de España y provocó una grave crisis con Argelia, que respondió con medidas económicas y comerciales que afectaron de forma significativa a las empresas españolas.
Aunque en 2024 se inició un proceso de deshielo, las relaciones bilaterales no han recuperado aún su nivel anterior. Las exportaciones españolas a Argelia sufrieron una caída notable durante la crisis, y la cooperación en ámbitos clave como la migración o los visados también se vio afectada. La visita de Albares busca precisamente consolidar esta fase de normalización y avanzar hacia una nueva etapa en la relación bilateral.
En este contexto, España intenta recomponer su posición en un delicado equilibrio geopolítico en el Magreb, donde mantiene al mismo tiempo una relación estratégica con Marruecos. Este doble posicionamiento resulta especialmente complejo en un momento en que el conflicto del Sáhara Occidental sigue sin resolverse y continúa siendo un elemento central en las relaciones regionales.
Este acercamiento se produce, además, en un contexto internacional marcado por la escalada de tensiones en torno a Irán, con Estados Unidos e Israel como actores centrales. En este escenario, Argelia consolida su papel como proveedor energético clave para Europa, lo que incrementa su peso geopolítico. Para España, altamente dependiente del gas argelino, esta realidad añade una dimensión estratégica evidente al intento de recomponer relaciones, tras una crisis provocada por el giro sobre el Sáhara Occidental.
La eventual cumbre entre Sánchez y Tebboune, aún sin fecha ni ubicación confirmadas, simbolizaría un paso importante en la normalización de las relaciones entre ambos países. Sin embargo, el trasfondo político sigue marcado por las consecuencias de la decisión española sobre el Sáhara Occidental, que continúa condicionando el margen de maniobra de Madrid en la región.
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