Arantxa Lopetegi
Hace 40 años que llegó el primer grupo de niños y niñas a Donostia, que venían de un campamento de refugiados saharauis que se creó para unas pocas semanas, unos meses, mientras duraba la guerra. Siguen allí, 50 años más tarde.
¿Han cambiado mucho las cosas?
La situación de los campamentos de refugiados es similar ahora a la de hace 40 o 20 años. Siguen necesitando de ayuda humanitaria, política y social. Esos niños y niñas han nacido en los campamentos en los que las madres tienen anemia, también en el embarazo. Son bebés que han nacido con anemia, una enfermedad que hasta recibir una alimentación adecuada no se cura. Vacaciones en Paz da la posibilidad de recuperar la salud que el exilio les ha robado. Les posibilita recibir una alimentación adecuada y pasar por unas citas médicas para tratar patologías que no conocían. Porque hasta llegar aquí no sabían que necesitaban unas gafas o que tienen en los oídos tapones desde hace varios años. No saben que quitando esos tapones podrían oír mejor. Hemos conocido a niños que han sabido al llegar aquí que eran celiacos o que requerían de alguna cirugía.
¿Y en los campamentos?
Se trata de llevar servicios médicos, pero no son tantos los disponibles. No hay recursos para atender a todas las personas que viven en los campamentos. Es necesario que pueden salir, al menos una vez, para acudir a las revisiones médicas, para poder alimentarse adecuadamente y conocer una realidad diferente. Les da la posibilidad de disfrutar del agua, que en el desierto es un tesoro. Aquí descubren la playa y el mar en el que pueden jugar con las olas o las piscinas donde pueden nadar. Descubren otra cultura, otras costumbres. Y dos idiomas. Hay niños que se llevan en su mochila nuestros dos idiomas. Les ayuda en la educación, en lo que han ido aprendiendo en los libros. Pueden ver un árbol, una flor o un monte. Es imprescindible para esos niños y niñas, pero importante para nosotros, para que podamos aprender, para disfrutar un verano diferente y aprender de ellos.
¿El beneficio para esos niños es sobre todo médico?
Las revisiones médicas son muy importantes, pero también poder comer bien, lo que aquí consideramos comer normal. Les ayuda a curarse y coger fuerzas para seguir creciendo. Pero, además, en la mochila de su corta vida son conscientes de que son refugiados, de que a pocos kilómetros está su tierra. Sus abuelos y abuelas les recuerdan que ellos nacieron en el Sáhara Occidental, donde había playas y otras cosas. Nosotros decimos que este programa ayuda a darles fuerzas para seguir luchando, para poder conocer una realidad muy diferente a la que han conocido y poder contribuir en la lucha de su pueblo para vivir en su tierra.
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ARTÍCULO COMPLETO en: “Cualquier familia puede acoger a los niños y niñas saharauis, solo hace falta tener tiempo y ganas”
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