«En la soledad del desierto se viven momentos especiales» 

«En la soledad del desierto se viven momentos especiales» 

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Martí Carbonell mantiene un vínculo con Argelia que surgió cuando era solo un adolescente. Su familia había acogido niños saharauis y ese fue el motivo de su primer viaje a Tindouf, al suroeste del país, donde están los campamentos de refugiados. Tenía 16 años. «Y me gustó tanto que continué yendo», recuerda. En uno de esos viajes, con muchas horas de escala en el aeropuerto de Argel, decidió salir y visitar la ciudad «y me encantó, desde ese momento quise conocerla más». Ese amor a primera vista con la capital argelina estaba además abonado por las historias que había escuchado en su casa sobre la presencia menorquina en ese país norteafricano: sus abuelos paternos habían formado parte de la oleada migratoria de la primera mitad del siglo XIX. «Había leído mucho sobre el tema, me interesaba y quería conocer más, por eso comencé a ir por mi cuenta e hice amistades».
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