Sáhara Occidental: por qué la posición de Estados Unidos sigue siendo clave

Hay decisiones que, aunque se presenten como puntuales, tienen efectos duraderos. La posición de Estados Unidos sobre el Sáhara Occidental es una de ellas. Lejos de ser un elemento secundario, condiciona el marco internacional en el que se desarrolla un proceso de descolonización que sigue sin resolverse.

El reconocimiento por parte de la administración de Donald Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental supuso una ruptura con décadas de consenso internacional. Hasta ese momento, Estados Unidos había mantenido una posición alineada con el marco de Naciones Unidas, basado en el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Ese giro no solo tuvo implicaciones políticas, sino también jurídicas. Supuso, de hecho, apartarse de principios fundamentales del derecho internacional, como la prohibición de adquirir territorio por la fuerza y el respeto al derecho de los pueblos a decidir su futuro. Estos principios constituyen la base del sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

En este sentido, un análisis publicado en la Georgetown Journal of International Affairs subraya que este reconocimiento se inscribe en una lógica que debilita el orden internacional basado en normas, al legitimar situaciones derivadas de la ocupación de territorios pendientes de descolonización.

Más allá del plano jurídico, la posición estadounidense tiene también un impacto directo en la dinámica diplomática. Estados Unidos es el principal actor en el Consejo de Seguridad en relación con el Sáhara Occidental y desempeña un papel determinante en la orientación del proceso político impulsado por Naciones Unidas.

Sin embargo, la continuidad de esta posición no ha desbloqueado la situación. El proceso sigue estancado, la misión de la MINURSO continúa sin cumplir su mandato original, y el derecho a la autodeterminación permanece sin materializarse.

Al mismo tiempo, esta cuestión tiene una dimensión estratégica más amplia. El Sáhara Occidental se sitúa en una región clave, donde confluyen intereses energéticos, de seguridad y de influencia internacional. En este contexto, la posición de Estados Unidos no solo afecta al propio territorio, sino también al equilibrio regional.

Por eso, más allá de los cambios de administración o de discurso, la cuestión de fondo sigue siendo la misma: el Sáhara Occidental continúa siendo un proceso de descolonización pendiente. Y la posición de las grandes potencias, en particular Estados Unidos, seguirá siendo determinante para su evolución.