Energía y Sáhara Occidental: caídas en el flujo del GME reflejan la fragilidad del suministro de gas hacia Marruecos

El sistema energético que conecta el norte de África con Europa vuelve a situarse en el centro del análisis. En los últimos días, datos procedentes del sector energético apuntan a una caída significativa en los flujos de gas que llegan a Marruecos a través de España mediante el Gasoducto Magreb-Europa (GME), con interrupciones que se han prolongado durante varios días desde el 21 de marzo.

Según estas informaciones, el flujo inverso —que transporta gas desde España hacia Marruecos— se ha visto reducido de forma notable, con jornadas en las que los volúmenes no han superado el 30% de los niveles habituales e incluso con paradas completas. Esta situación coincide con una disminución generalizada en la entrada de gas en las plantas de regasificación españolas, especialmente en Huelva, uno de los puntos clave del suministro hacia Marruecos.

Desde el año 2021, cuando Argelia interrumpió el suministro directo de gas hacia Marruecos, el funcionamiento del gasoducto cambió radicalmente. El flujo, que tradicionalmente circulaba en sentido Argelia–Marruecos–España, pasó a operar en sentido inverso, obligando a Marruecos a depender del gas natural licuado adquirido en el mercado internacional y regasificado en España.

En este nuevo esquema, el gas transportado a través del GME resulta esencial para el funcionamiento de centrales eléctricas estratégicas. Sin embargo, esta dependencia introduce una vulnerabilidad estructural: el suministro depende no solo de la infraestructura, sino también de factores como la disponibilidad de gas en los mercados internacionales, la logística de los terminales y la evolución de los precios.

Los datos acumulados permiten entender la magnitud del sistema. Durante 2025, Marruecos incrementó de forma sostenida sus importaciones de gas a través de España, utilizando más del 90% de la capacidad del gasoducto. Este volumen consolidó el flujo inverso como un pilar del suministro energético marroquí.

Sin embargo, la situación registrada en los últimos días muestra el reverso de ese modelo. La caída simultánea de los flujos en los terminales españoles y en el gasoducto Medgaz —que conecta directamente Argelia con España— sugiere un contexto más amplio de tensión en el sistema gasista regional, posiblemente vinculado a factores de mercado y disponibilidad global.

Más allá del episodio concreto, lo relevante es la tendencia de fondo. Marruecos ha pasado de ser un país de tránsito energético a depender de un sistema indirecto, en el que intervienen múltiples actores y variables externas. Este cambio introduce un elemento de inestabilidad que puede traducirse en interrupciones puntuales o en presión sobre el sistema energético nacional.

En este contexto, cualquier variación en los flujos de gas adquiere una dimensión que va más allá de lo técnico. Refleja un sistema energético condicionado por decisiones políticas, equilibrios regionales y un mercado internacional cada vez más volátil.