Energía, geopolítica y dependencia exterior: las fragilidades estructurales de Marruecos en un mundo inestable
La escalada militar en Oriente Medio está reconfigurando los equilibrios energéticos, financieros y diplomáticos de la región. En ese nuevo contexto internacional, la fuerte dependencia energética y financiera de Marruecos podría convertirse en un factor de vulnerabilidad con implicaciones también para su estrategia en el Sáhara Occidental.
Las tensiones internacionales que atraviesan el actual escenario geopolítico están poniendo de relieve una realidad que durante años ha permanecido relativamente oculta: la profunda dependencia energética y financiera de Marruecos. En un momento en el que las crisis regionales se entrelazan con la competencia entre grandes potencias, esa vulnerabilidad puede tener consecuencias que van mucho más allá de la economía.
Uno de los factores clave es la energía. Marruecos importa más del 90 % de los recursos energéticos que consume, una situación que se agravó tras el cierre en 2021 del gasoducto Magreb-Europa, que transportaba gas argelino a través del territorio marroquí hacia España. Desde entonces, Rabat ha tenido que recurrir a soluciones más costosas, como la importación de gas natural licuado o el uso de flujos inversos desde la península ibérica. En un contexto de inestabilidad en los mercados internacionales de energía, esa dependencia constituye un riesgo estructural para la economía del país.
A esta vulnerabilidad energética se suma otra dimensión menos visible pero igualmente importante: la dependencia del financiamiento exterior. Durante décadas, una parte significativa de las grandes inversiones en infraestructuras y proyectos estratégicos en Marruecos ha contado con el apoyo de capital procedente de las monarquías del Golfo. Sin embargo, las prioridades presupuestarias de esos países pueden cambiar en función de las tensiones regionales y de sus propios intereses geopolíticos, lo que introduce un elemento adicional de incertidumbre para el modelo económico marroquí.
Este contexto internacional también tiene implicaciones diplomáticas. Marruecos ha tratado en los últimos años de reforzar su posición en distintos escenarios internacionales con el objetivo de consolidar apoyos a su política sobre el Sáhara Occidental. Pero en un mundo cada vez más marcado por reajustes estratégicos y conflictos interconectados, la capacidad de cualquier Estado para capitalizar alianzas externas depende en gran medida de la evolución del equilibrio global de poder.
En ese sentido, las crisis que sacuden otras regiones del mundo no son fenómenos lejanos. También influyen en el margen de maniobra político, económico y diplomático de los Estados que buscan proyectar su influencia más allá de sus fronteras. Y, en el caso de Marruecos, esas dinámicas internacionales forman parte del contexto más amplio en el que continúa desarrollándose el conflicto del Sáhara Occidental.
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