
António Guterres plantea que cualquier eventual estatuto de autogobierno para el Sáhara Occidental sea sometido a un verdadero proceso de consulta en el que el pueblo saharaui pueda aceptarlo o rechazarlo sin quedar privado de su derecho a la autodeterminación, según informa este domingo EL PAÍS a partir de datos sobre el contenido del último informe del secretario general. La propuesta introduce un límite decisivo a las aspiraciones de Rabat de convertir la autonomía en un desenlace previamente establecido: incluso dentro de ese marco, la última palabra tendría que pasar por la voluntad del pueblo saharaui.
La cuestión adquiere especial importancia a menos de tres semanas de la votación del Consejo de Seguridad sobre la renovación del mandato de la MINURSO. Marruecos aspira a consolidar el avance diplomático logrado en 2025, cuando la resolución 2797 situó su propuesta de autonomía en el centro de las negociaciones. Pero aquella resolución no convirtió ese plan en una solución definitiva ni eliminó la exigencia de alcanzar una salida aceptable para las partes que contemple la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental.
La novedad ahora es que Guterres, en su última gran recomendación sobre el territorio antes del final de su mandato, habría planteado que el eventual estatuto tenga que ser sometido a una consulta real. No se trataría simplemente de aprobar una fórmula política en el Consejo de Seguridad y trasladarla después al territorio, sino de permitir que el pueblo saharaui pueda pronunciarse sobre ella.
Ese punto cambia mucho la lectura del proceso. La autonomía puede ganar peso en el lenguaje diplomático, acumular apoyos internacionales e incluso convertirse en la propuesta preferida de algunas potencias. Pero mientras deba ser aceptada por el pueblo saharaui, no puede presentarse como un resultado cerrado de antemano. La consulta deja abierta precisamente la posibilidad de rechazo.
El planteamiento encaja además con lo que se ha conocido estos días sobre la exposición de Staffan de Mistura ante el Consejo. El enviado personal habría insistido en que una fórmula de autonomía no puede imponerse sin más y que el futuro del Sáhara Occidental continúa dependiendo del ejercicio efectivo de la autodeterminación. Las conversaciones celebradas este año en Washington y Madrid han reabierto el diálogo, pero no han conseguido cerrar las divergencias fundamentales entre Marruecos y el Frente POLISARIO.
También permanece abierta la cuestión de quién debe sentarse en la mesa. Algunas voces en Washington han explorado contactos con interlocutores saharauis alternativos, pero el Frente POLISARIO sigue siendo parte central del proceso auspiciado por Naciones Unidas. La posibilidad de escuchar a otros grupos no elimina su papel ni convierte en secundaria la cuestión del consentimiento saharaui.
La MINURSO es el otro gran elemento que llega a la votación del 31 de octubre. Estados Unidos y Marruecos quieren revisar la misión, reducir costes y adaptar su funcionamiento a la nueva fase política. Sin embargo, las recomendaciones conocidas apuntan a que Guterres y De Mistura prefieren no debilitarla mientras no haya avances paralelos en la negociación. Reducir la presencia internacional cuando siguen las hostilidades y no existe un acuerdo definitivo podría aumentar la inestabilidad en lugar de resolverla.
Todo ello devuelve el debate a una contradicción que parecía querer enterrarse hace un año. Se habla cada vez más de autonomía, sí. Pero al mismo tiempo reaparecen la consulta, la autodeterminación, el consentimiento saharaui y la necesidad de un acuerdo aceptado. Es decir, exactamente los elementos que impiden transformar una propuesta marroquí en una solución automática.
Por eso la novedad política no está solo en que Guterres mencione una consulta. Está en que esa consulta introduciría un principio esencial: el pueblo saharaui tendría que poder aceptar o rechazar el estatuto que se le proponga. Mientras exista esa posibilidad real de decisión, la autonomía no puede confundirse con un desenlace impuesto ni con el cierre unilateral del proceso de descolonización.
A las puertas de la votación de octubre, la pregunta vuelve a ser la misma: si el pueblo saharaui puede aceptar o rechazar la solución, ¿quién decide realmente el futuro del Sáhara Occidental?
Y esa pregunta sigue sin tener una respuesta que permita dar por cerrado el conflicto.
Basado en la información publicada por EL PAÍS el 12 de octubre de 2026 sobre el escenario previo a la renovación del mandato de la MINURSO.
ANÁLISIS DE NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
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