La diplomacia española en manos de unos aficionados

La diplomacia española en manos de unos aficionados
 
En ningún momento nadie escuchó a ninguna autoridad argelina decir que suspendía las transacciones comerciales con España, Argelia se limitó a comunicar que suspendía el tratado de buena vecindad con España. Otra cosa es que la Asociación de la banca argelina decidiera congelar los movimientos bancarios hasta conocer la envergadura de las medidas tomadas por el Gobierno.
 
Tres meses después, las cosas están donde estaban y España sigue expuesta a cualquier berrinche caprichoso del régimen marroquí
 
Por Mah Iahdih Nan – OPINIÓN 
 
Madrid (ECS). – Cuando el pasado día 18 de marzo nos levantamos con la ridícula e infame carta de Sánchez al Rey de Marruecos, todos los que tenemos algún vínculo con el Sáhara Occidental, sabíamos con certeza que el presidente del gobierno de España se había metido en un viaje sin retorno. No había que ser experto en política internacional para saber que esa carta era una de las decisiones más contraproducentes y nefastas que podía tomar el estado español. Sólo un profano en la política Magrebí se puede atrever a escribir ese tipo de cartas.
 
España, siempre ha mantenido una falsa neutralidad, que ha protegido sus intereses y le ha reportado por un lado frenar esporádicamente los constantes y sistemáticos chantajes del régimen marroquí y por otro lado mantener una relación cordial y correcta con Argelia. Esa falsa neutralidad, era lo más sensato e inteligente que hizo España durante casi 50 años para garantizar sus intereses. Porque todos los expertos saben que España, en realidad, siempre se ha inclinado por ceder y complacer las extorsiones marroquíes por encima de las relaciones sanas y privilegiadas que le ha propuesto siempre Argelia. Tan solo hay que hojear la hemeroteca de los últimos 50 año, para comprobar la veracidad de lo expuesto anteriormente; los roces, trifulcas, desavenencias, disputas y conflictos entre Marruecos y España son el pan de cada día, constantes y cíclicos al servicio de los caprichos del Majzén marroquí. Por el contrario, con Argelia son casi escasos los enfrentamientos durante el último medio siglo.
 
Sin embargo, cualquiera que mínimamente conoce el Magreb, sabe que la iletrada carta de Sánchez acabó por matar la gallina de los huevos de oro de las siempre buenas relaciones que mantenía el estado español con Argelia. Ahora España queda literalmente a la intemperie y sometida a los cíclicos chantajes marroquíes y a la mala relación con Argelia.
 
Tanto Sánchez como su patoso ministro de Exteriores han estado tres largos meses insultando y agraviando la paciencia argelina, con declaraciones babosas, fuera de lugar y negando el estado real de las relaciones. La diplomacia argelina, ha trasmitido de forma comedida, cabal y respetuosa un sinfín de mensajes a España, relativos a la ilegalidad y la violación de las normas y leyes internacionales de sus acuerdos con Marruecos. En ningún momento España se dignó a dar una respuesta coherente a sus actuaciones.
 
Los avisos argelinos, a lo largo de estos tres meses, han sido claros y rotundos; retirada del embajador, infinidad de comunicados y declaraciones tendentes a encontrar respuestas o rectificaciones, avisos de medidas relativas al comercio y a la revisión de los precios del gas y esperar pacientemente las explicaciones de las tres comparecencias del Sr. Sánchez en el Congreso de los Diputados, sobre este inesperado e injustificado cambio de política.
 

Tres meses después, las cosas están donde estaban y España sigue expuesta a cualquier berrinche caprichoso del régimen marroquí

 
Ante la total ausencia de aclaraciones objetivas o rectificaciones de las erróneas decisiones del Sr. Sánchez, el estado argelino se vio en la obligación de actuar en defensa de la legalidad y el derecho internacional, y en especial en defensa de los derechos legítimos del hermano pueblo saharaui.
 
A la vista de los resultados para los intereses de España, la carta de abdicación de Sánchez, ha dejado constancia de su conocida ignorancia en política internacional, al no conseguir ninguno de los objetivos trazados; tres meses después, las cosas están donde estaban y España sigue expuesta a cualquier berrinche caprichoso del régimen marroquí.
 
Puede que haya razones poderosísimas ocultas detrás del espionaje de Pegasus que de alguna manera justifican la decisión tomada por Sánchez, porque de otra manera nadie en su sano juicio entiende dicha decisión.
 
Una decisión que ha atentado contra la armonía de la política interna; con la oposición, con el mismo gobierno, con el mismo partido del presidente del Gobierno. Atenta, además, contra los intereses de España como se ha visto con la decisión tomada por la vecina Argelia, atenta contra el derecho internacional y la legalidad internacional, atenta contra los conocidísimos derechos del pueblo saharaui y lo más grave es que la cesión al régimen feudal marroquí no garantiza ni asegura a España el cumplimiento de los supuestos acuerdos derivados de esta capitulación, por la experiencia adquirida de más de 30 años de reiterados y repetitivos acuerdos incumplidos.
 
Y, ya para rematar la actuación de un gobierno español desbordado y superado por los acontecimientos por una actuación que se ha caracterizado por los bandazos, el desorden, la falta de equilibrio y comunicación y la esquizofrenia política. Han decidido lanzarse al vacío acusando a Argelia de la violación de los acuerdos  suscritos con la UE. Un alarmismo precipitado e injustificado.
 
En ningún momento nadie escuchó a ninguna autoridad argelina decir que suspendía las transacciones comerciales con España, Argelia se limitó a comunicar que suspendía el tratado de buena vecindad con España. Otra cosa es que la Asociación de la banca argelina decidiera congelar los movimientos bancarios hasta conocer la envergadura de las medidas tomadas por el Gobierno. La ridícula diplomacia «sanchista» que no para de dar tumbos creando conflictos por doquier, ha corrido rauda a llorar en los pasillos de la UE, sin consultar absolutamente nada con las autoridades argelinas. Lo que demuestra que la nota dominante de la actual diplomacia española es el caos marcado por decisiones confusas e infantiles que corroboran que Sánchez y Albares están totalmente perdidos en lo que a diplomacia internacional se refiere.
 

Origen: La diplomacia española en manos de unos aficionados