La reciente visita de la primera ministra italiana Giorgia Meloni y del ministro español de Asuntos Exteriores José Manuel Albares a Argel ha generado una oleada de análisis en medios franceses, donde se repite una misma idea: Francia está perdiendo influencia en una región que durante décadas consideró parte de su esfera privilegiada. En este nuevo escenario, España e Italia aparecen como actores más dinámicos, capaces de adaptarse a las prioridades estratégicas de Argelia.
Más allá de la lectura mediática, estos movimientos reflejan un cambio más profundo en el equilibrio europeo en el Mediterráneo. Argelia se consolida como un socio clave en materia energética y geopolítica, en un contexto internacional marcado por tensiones y por la necesidad de asegurar suministros de gas. Este reposicionamiento no solo reconfigura las relaciones bilaterales, sino que también influye en cuestiones regionales más amplias, entre ellas el conflicto del Sahara Occidental, que permanece en segundo plano pero sigue condicionando las dinámicas diplomáticas.
Según un análisis firmado por M. Aït Amara, diversos medios franceses han interpretado la visita de Giorgia Meloni como un ejemplo claro de la estrategia italiana en Argelia. Roma habría acudido con objetivos concretos, especialmente en el ámbito energético, buscando reforzar su acceso al gas argelino y consolidar su presencia económica y política en la región.
En contraste, varios editorialistas subrayan la aparente falta de iniciativa de Francia, que estaría siendo superada por socios europeos más activos. Algunos comentarios incluso apuntan a que Italia ha logrado asumir un liderazgo diplomático que París no ha sabido ejercer en este contexto.
La visita de José Manuel Albares refuerza esta percepción. Tras varios años de tensiones con Argelia, España estaría apostando por una normalización progresiva de las relaciones, con especial atención a los ámbitos comercial y energético. Para la prensa francesa, este acercamiento muestra cómo Madrid intenta recuperar terreno en una relación clave para sus intereses estratégicos.
En conjunto, los análisis coinciden en señalar un cambio de tendencia: Francia ya no puede dar por asegurada su influencia en Argelia, mientras que países como Italia y España avanzan con mayor rapidez y claridad en sus objetivos. Esta evolución, además, refleja una competencia creciente en torno a un socio que se ha vuelto central en el nuevo contexto energético europeo.
