La entrevista que publica LA RAZÓN con el diplomático José Antonio de Yturriaga (04/12/2025) ofrece una de las radiografías más claras sobre el momento actual del conflicto del Sáhara Occidental. No solo desvela las maniobras de Rabat para obtener una legitimación que no posee, sino que apunta directamente a la responsabilidad del Gobierno español en la consolidación de esa estrategia. Sus afirmaciones son de gran relevancia para comprender la presión marroquí sobre la delimitación marítima, el espacio aéreo y el reconocimiento práctico de la ocupación.
“España no obtiene nada. Absolutamente nada.” — José Antonio de Yturriaga, entrevista en LA RAZÓN.
La entrevista publicada por LA RAZÓN al diplomático y jurista José Antonio de Yturriaga —experto en Derecho del Mar y con una larga trayectoria en destinos clave como Rusia, Irak e Irlanda— llega en plena XIII RAN entre España y Marruecos y arroja advertencias difíciles de ignorar. Yturriaga sostiene que el giro dado por Pedro Sánchez con la famosa carta “redactada en Rabat y traducida del francés al castellano” supuso abandonar la posición histórica de neutralidad activa de España y romper con la jurisprudencia del Tribunal Internacional de Justicia, que establece que la descolonización del Sáhara debe resolverse mediante un referéndum de autodeterminación. Ese cambio abrió una puerta que Marruecos intenta ahora convertir en vía principal hacia la legitimación internacional de su ocupación.
En su conversación con LA RAZÓN, Yturriaga subraya que el avance marroquí no se basa en solidez jurídica, sino en acumulación de apoyos políticos. Estados Unidos, Francia, Reino Unido y ahora parte del Consejo de Seguridad respaldan la propuesta de autonomía de 2007, que en la práctica equivale a una integración plena. Sin embargo, ese impulso político no cambia lo esencial: el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio distinto y pendiente de descolonización, tal y como reiteran las sentencias del TJUE y el propio estatus de la República Árabe Saharaui Democrática como miembro fundador de la Unión Africana. Marruecos carece del andamiaje jurídico mínimo para convertir la ocupación en soberanía, y precisamente por eso acude a España en busca de “un empujón definitivo”.
El núcleo más importante de la entrevista se sitúa en la cuestión marítima. Yturriaga explica que Marruecos mezcló intencionadamente, en su ley de delimitación, la costa marroquí con la saharaui, presentándolas como una única fachada atlántica pese a que la ONU distingue claramente ambos territorios. Lo hizo para crear la apariencia de continuidad y proyectar una ficción de soberanía que no existe. La estrategia se completa con la petición de administrar junto a España el monte submarino Tropic —clave por sus recursos estratégicos— o de avanzar hacia un acuerdo técnico que sirva como prueba documental ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental. Según Yturriaga, Marruecos sabe que sus pretensiones son insostenibles en derecho y busca que España supla esa debilidad: “lo que busca es cubrir su debilidad jurídica con un paraguas político español”.
El embajador advierte también sobre un aspecto poco conocido del debate público: el control del espacio aéreo del Sáhara Occidental. Si España acepta acuerdos que impliquen reconocer jurisdicción marítima o terrestre, la derivada aérea sería inmediata. Ese reconocimiento de facto consolidaría una autoridad marroquí que no ha sido nunca aceptada por la ONU. La entrevista apunta que esta es una de las piezas del “triple objetivo” de Rabat: controlar aguas, tierra y aire, de forma progresiva, para convertir la ocupación en normalidad diplomática.
Cuando LA RAZÓN pregunta qué obtiene España a cambio de este proceso, la respuesta de Yturriaga es directa: “Nada. Absolutamente nada”. Ni aduanas en Ceuta y Melilla. Ni mejoras en cooperación. Ni garantías frente a reclamaciones futuras. Yturriaga recuerda que la táctica de Rabat es incremental: primero Tarfaya e Ifni, después el Sáhara, y más adelante, si encuentra debilidad, Ceuta, Melilla, las islas y peñones. Un exministro marroquí declaró recientemente que esos territorios “son tan marroquíes como el Sáhara Occidental”, y la entrevista alerta de que este tipo de afirmaciones forman parte de una estrategia a largo plazo, diseñada para convertir cada concesión española en un precedente.
El texto concluye con una reflexión sobre la posibilidad de revertir el giro de Sánchez si hubiera un cambio de gobierno. Aunque Yturriaga reconoce que la oposición mantiene canales de diálogo con el Frente Polisario —lo que ha irritado a Rabat—, admite también que la inercia internacional favorece la narrativa marroquí. Pero esa corriente no altera la esencia jurídica del conflicto: el derecho de los pueblos a la autodeterminación no puede ser sustituido por acuerdos bilaterales entre una potencia ocupante y una antigua potencia administradora.
La entrevista de LA RAZÓN deja así una conclusión firme: Marruecos no busca consenso, busca legitimidad; y el papel de España es decisivo para frenar o acelerar ese proceso. En un momento en el que la RAN pretende escenificar “excelentes relaciones”, el análisis de Yturriaga recuerda que ningún acuerdo puede ignorar el Derecho Internacional ni sacrificar la autodeterminación del pueblo saharaui sin consecuencias profundas para la estabilidad futura, incluida la de Canarias y las fronteras españolas.
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