Por Plataforma No te olvides del Sáhara Occidental
Entre confusiones interesadas y propaganda política, la resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad vuelve a posponer la solución del conflicto, pero refuerza un hecho clave: el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, y el referéndum de autodeterminación, el proceso reconocido por la ONU.
1. La MINURSO sigue siendo una misión para un referéndum de autodeterminación
Lo primero que conviene aclarar es que el mandato de la MINURSO —Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental— no ha cambiado. Su función sigue siendo la misma desde su inicio en 1991: organizar una consulta en la que el pueblo saharaui decida libremente su futuro. No es una misión para imponer la autonomía marroquí, ni para gestionar un estatus intermedio, ni para administrar un proceso de integración al Reino de Marruecos. Cualquier lectura que pretenda desplazar ese objetivo está manipulando los hechos o ignorando el derecho internacional.
2. La resolución no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio
La resolución 2797 “toma nota” del plan de autonomía presentado por Marruecos, pero no lo declara como solución final ni lo impone como base única. Tampoco reconoce al Sáhara Occidental como parte integrante de Marruecos, ni legitima la ocupación. Sigue vigente la posición jurídica definida por la ONU desde 1963: el Sáhara Occidental es un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Por tanto, el referéndum no está muerto: sigue siendo la vía prevista por la ONU, aunque aplazada una vez más.
3. El Frente Polisario sigue siendo reconocido por la ONU
Otra aclaración importante: no se ha deslegitimado al Frente Polisario, que continúa siendo reconocido por Naciones Unidas como el representante del pueblo saharaui. Esto implica que cualquier proceso político válido tendrá que contar con su participación. Ningún plan de autonomía ni ningún acuerdo bilateral puede sustituir ese reconocimiento mientras el pueblo saharaui no lo decida democráticamente.
4. La fractura internacional: un escenario nuevo y significativo
Este año, por primera vez, dos potencias con derecho de veto —China y Rusia— han mostrado discrepancia con la orientación del texto impulsado por Estados Unidos. También otros actores como Argelia han votado en contra o se han abstenido en señal de rechazo. Este nuevo escenario no resuelve el conflicto, pero muestra que el intento marroquí de construir un falso consenso internacional no ha tenido éxito. Lejos de consolidarse, el apoyo al plan de autonomía está más fracturado que nunca.
5. Marruecos gana tiempo, pero no legitimidad
Como señalan observadores independientes, el único resultado real para Marruecos es un nuevo aplazamiento. No ha logrado imponer su autonomía como solución única ni ha obtenido reconocimiento definitivo sobre el territorio. En cambio, el pueblo saharaui ha ganado algo menos visible, pero más profundo: legitimidad, coherencia jurídica y visibilidad internacional. La resolución sigue recordando cada año, como un reflejo tozudo de la historia, que el referéndum está pendiente.
6. Mirar más allá de los titulares
Las próximas semanas llegarán con mucha propaganda marroquí, intentando vender esta resolución como una “victoria diplomática”. Pero cuando se apagan las cámaras, los hechos siguen siendo claros: la ONU mantiene el mandato para un referéndum de autodeterminación, Marruecos no ha logrado validar su soberanía sobre el territorio, y el proceso de descolonización sigue abierto. No hay victoria para quien necesita inventarla.
Conclusión
Nada ha cambiado en lo esencial. El Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, el pueblo saharaui mantiene su derecho a decidir su futuro en las urnas y el Frente Polisario conserva su papel político legítimo según la ONU. Lo que ha cambiado es que la narrativa marroquí empieza a encontrar límites. Y eso, para un pueblo que lleva medio siglo de resistencia, también es una forma de avanzar.
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