Los derechos inalienables de los pueblos no son un producto perecedero. Perduran en el tiempo y el carácter del conflicto sigue siendo el mismo. Es una situación colonial y un derecho a la autodeterminación interrumpido por la agresión militar marroquí.

Los derechos inalienables de los pueblos no son un producto perecedero. Perduran en el tiempo y el carácter del conflicto sigue siendo el mismo. Es una situación colonial y un derecho a la autodeterminación interrumpido por la agresión militar marroquí.

El derecho de autodeterminación en el Sáhara Occidental la última colonia europea en África, desafíos y perspectivas.

Ponencia de Alien Habib Kentaoui
Director Departamento de África 
 
En ministerio asuntos exteriores de la República Saharaui en jornada de solidaridad con el pueblo saharaui durante conferencia de la Alianza libre Europea. Las Palmas de Gran Canaria 
 
Las Palmas de Gran Canaria (ECS). – Es oportuno que quienes se preocupan por la paz en esta región organicen una conferencia de solidaridad con el pueblo saharaui. El lugar del encuentro es extremadamente simbólico. Son momentos de extrema gravedad. La paz está en entredicho y el derecho internacional se pisotea.
 
Y es bien sabido que desde la adopción de la resolución 1514 (XV) de las Naciones Unidas en 1960, cientos de resoluciones de esta organización se acumulan sobre la cuestión del Sáhara Occidental para reafirmar una y otra vez el derecho de su pueblo a la libre autodeterminación y a la independencia. Derecho que se reafirma, y adquiere carácter perentorio por el unánime reconocimiento y respaldo por las más altas instancias de la legalidad internacional, como la corte internacional de justicia de La Haya, la Corte Europea de Justicia y de las organizaciones regionales como la Organización de la Unión Africana. A pesar de esta unanimidad, el Sáhara Occidental se ha convertido en la tumba del derecho internacional. En un flagrante desafío a esta legalidad internacional, Marruecos, persiste en su aventura colonial; en respuesta, el pueblo saharaui reafirma su fe inquebrantable en la legalidad, en la justeza de su causa y prosigue impertérrito su combate. Es la pugna entre la legalidad y la arbitrariedad.
 
Ante esta situación, cuando más responsabilidad se le exige a España, como potencia administradora del territorio, más irresponsabilidad demuestra. El gobierno de Sánchez, tildado del gobierno más progresista de la historia de España, se convierte a la ideología del trumpismo en su política exterior hacia el Sáhara Occidental, y se ensaña contra el pueblo saharaui y contra el derecho internacional sin ruborizarse, de una manera tan flagrante e irreverente nunca demostrada por ningún gobierno de la democracia española
 
Y aunque creíamos ya curados de espantos, el cambio brusco sorprende y atormenta tanto al pueblo saharaui como al conjunto de la sociedad española; nos trae a la mente la firma del lúgubre acuerdo tripartito de Madrid: La deshonrosa venta del territorio saharaui por España al reino de Marruecos en 1975. Como en todo momento critico, el conjunto de la sociedad española y sus fuerzas vivas, han estado una vez más a la altura del desafío, y al unísono expresan su solidaridad indefectible con la causa saharaui. 
 
El pueblo saharaui y el Frente Polisario les envía sus saludos y un profundo y reconocido agradecimiento. Sin embargo hoy, el gobierno se desprende de la hoja de parra, ni siquiera pretende sumergirse en la opacidad y el negacionismo utilizados por previos gobiernos para evadir las responsabilidades que les son inherentes como potencia administradora de iure del territorio. El actual gobierno se jacta de su nueva versión de los funestos acuerdos de Madrid
 
 
No cuestionamos las relaciones hispano-marroquíes, pero si el sacrificio de los derechos del pueblo saharaui en el altar de estas relaciones. 
 
 
Pretender dar legitimidad a hechos derivados de una acción ilegal, es insostenible en lo jurídico y en lo moral, y es rechazado por el pueblo saharaui que se le quiere revender una y otra vez a cambio de castillos en el aire pregonados  por un embaucador. Tampoco se resuelve de un plumazo, un conflicto tan enraizado en la legalidad. De ahí, que la  autonomía  anunciada a los cuatro vientos, no es la solución de un conflicto que desestabiliza a todo el Magreb, amenaza la paz en el flanco sur de Europa y agrava las crisis en todo el Sahel africano.
 
Se pueden hacer todas las piruetas interpretativas que se quiera, pero mercadear con el dolor de un pueblo en sus momentos de infortunio no es la mejor solución, doblar el brazo del derecho internacional no es la mejor solución, ni es la mejor solución el confinar al pueblo saharaui en una reserva como sugiere el gobierno de Sánchez con su famosa varilla mágica “la autonomía es la mejor solución”. Es un craso error pensar que se puede aprovechar la confusión creada por la acción ilegal de Trump, la trivialización del derecho internacional, la situación prevaleciente hoy en Europa para deslizar la cuestión saharaui en el tumulto de la confusión como víctima colateral
 
Los derechos inalienables de los pueblos no son un producto perecedero. Perduran en el tiempo y el carácter del conflicto sigue siendo el mismo. Es una situación colonial y un derecho a la autodeterminación interrumpido por la agresión militar marroquí. Tampoco las responsabilidades de los estados caducan con los cambios de gobierno. Con juego de malabarismos se pretende complicar una solución que en su esencia es simple: Es el respeto del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui a través del ejercicio de un referéndum libre y democrático reivindicado hasta la saciedad por las Naciones Unidas.
 
A pesar de los vaivenes históricos entre España y Marruecos, la élite española todavía no ha sido capaz de desentrañar la mentalidad del gobierno marroquí o precaverse del expansionismo infuso en la mente del majzen. Para Marruecos, el expansionismo es más que una obsesión, es un culto. España no es ni será una excepción, ni tendrá más suerte que el resto de los vecinos de Marruecos. Ya en 1591 Mali fue invadida y su floreciente civilización destruida por una invasión marroquí, Mauritania sufrió la misma suerte en 1958. Argelia fue invadida en 1963 cuando todavía ensangrentada  después de  una cruenta guerra contra el colonialismo francés. En 1975 llega el turno al Sáhara Occidental; y tarde o temprano llegará el turno de Ceuta, Melilla y las islas canarias. Solo la resistencia saharaui retarda el  inevitable choque. Solo un estado saharaui independiente y soberano puede restaurar una paz duradera y una convivencia pacífica regional, y sin duda, sería el garante de la seguridad de las Islas Canarias.
 
Son engañosas las garantías y el embrujo de los cantos de sirenas provenientes más allá de las torres de Hércules. La historia y la infalible sabiduría popular son más fiables: “Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”.  Por lo que seria muy temerario depositar el futuro de la integridad territorial de España en manos del gobierno marroquí. Un país, nada fiable cuyo único arsenal en sus relaciones internacionales son el chantaje, las amenazas y el incumplimiento de sus compromisos internacionales. Se deben adoptar estrategias más valiente para salvaguardar la integridad territorial de España sin resguardarse una y otra vez detrás de un pueblo saharaui encadenado como escudo humano. La historia, el derecho y la decencia exigen un cambio de tónica. 
 
Una de las consecuencias del reciente cambio brusco de la posición del gobierno español, es el alimentar el sueño imperial de Marruecos y consolidar ese sentido de impunidad que durante décadas ha impedido la solución del conflicto. Cada vez que se vislumbra la solución, intervienen actos y gestos provenientes de Europa y de algunos miembros del consejo de seguridad que alientan esa impunidad, y obstruyen el Progreso hacia una solución. 
 
ha transcurrido un largo periodo de 30 años de vacas flacas para La Paz en el territorio desde la firma del plan de arreglo auspiciado por las Naciones Unidad y la OUA que preveía la organización de un referéndum en 1991; un desfile de enviados especiales del secretario general de la ONU dimiten uno tras otro, tras chocar contra la intransigencia del gobierno marroquí, y la falta de determinación por parte del consejo de seguridad de implementar el mandato encomendado a la MINURSO.
 
Las concesiones dolorosas por por parte del Frente Polisario, su apego a una solución justa y pacífica, unida a la indiferencia y complicidad de algunos miembros del consejo de seguridad dio riendas sueltas a la ocupación y carta blanca a un saqueo sistemático de los recursos naturales del territorio saharaui, y la violación despiadada de los derechos humanos en los territorios ocupados. Ni los informes condenatorios de las organizaciones humanitarias, ni los repetidos veredictos de la corte de justicia europea, que consideran al Sáhara Occidental como un territorio separado, y distinto del territorio marroquí hicieron mella en las practicas de las violaciones  de derechos humanos, o puesto fin al pillaje de los recursos del territorio.
 
La combinación de todos estos elementos, crearon un insostenible círculo vicioso de tres décadas de espera, esperanza y frustración que obligaron al pueblo saharaui a empuñar de nuevo las armas en legítima defensa. Hoy más que nunca la comunidad internacional y en especial el consejo de seguridad deben asumir sus responsabilidades y sacar las conclusiones pertinentes de una oportunidad perdida y las graves consecuencias de una negligencia que sin duda tendrá su coste elevado para La Paz y la seguridad de toda la región. El pueblo saharaui y su legítimo representante el Frente Polisario estarán atentos y tenderán la mano como ha sido siempre su tradición a toda iniciativa pacífica, sería, que goce de un respaldo internacional y garantías que eviten los errores tan costosos de anteriores experiencias malogradas. 
 

Origen: El derecho de autodeterminación en el Sáhara Occidental la última colonia europea en África, desafíos y perspectivas.