Maldito alto el fuego | Fernando LLorente en El Faradio | Periodismo que cuenta

El 6 de setiembre de 1991 se firmó el alto el fuego entre los ejércitos el reino de Marruecos, invasor y ocupante del Sahara Occidental, y los combatientes del Frente Polisario, único legítimo representante del pueblo saharaui, dueño único de su tierra, invadida y ocupada.

Tras la invasión, en octubre en 1975, disfrazada de Marcha Verde, una parte de la población saharaui inició un éxodo, a través del desierto, bajo los bombardeos de la aviación marroquí, que esparcieron por la arena cientos de muertos. Al tiempo se entabló una guerra, de modo que los combatientes del Frente Polisario cumplieron un doble cometido: se ocuparon de proteger y trasladar a los supervivientes hasta la hammada argelina, la parcela más dura e inhóspita del desierto del Sahara, en donde fijaron las directrices para levantar y organizar los campamentos de refugiados, casi solas las mujeres, ya que los hombres en la guerra.

Pero también luchaban en el campo de batalla por la recuperación de la tierra arrebatada con violencia, y por la libertad de su pueblo. Otra parte de la población saharaui permaneció en sus ciudades, sometidos a un estado de terror.

La guerra duró 16 años, en el transcurso de los cuales, en los años 80, Marruecos construyó un muro que, desde entonces, divide el territorio de norte a sur, con el efecto de que las familias saharauis permanecen separadas hasta el día de hoy.

Cuando el 6 de setiembre de 1991 se estableció el alto el fuego, el Frente Polisario no había ganado la guerra, claro, pero sí numerosas batallas, mediante incursiones por sorpresa, en posiciones enemigas, en las que hicieron cientos de prisioneros (…)

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