Marcha en Berlín para reclamar la libertad del Sáhara Occidental

Marcha en Berlín para reclamar la libertad del Sáhara Occidental
 
 

 

Por Azman. A/ECS

Berlín (ECS).- Son las ocho de la mañana, puerta de Brandemburgo, tres saharuis azotados por las inclemencias del frio europeo esperan la empresa que debe montar la infraestructura de un escenario. El teléfono de Taleb no deja de sonar, le es imposible terminar el café con que busca recuperar algo de temperatura. La empresa no llega a la hora acordada y cada vez más compatriotas llaman para saber qué tren deben tomar para ir a la Alexander Platz. El alemán no es una lengua familiar para nosotros, se parece poco a nuestras dos lenguas maternas: el español y el árabe.

Los minutos corren tan rápido como las ráfagas de viento helado dispuestas a constituirse en una dificultad más para nosotros. No importa, pertenecemos a un pueblo habituado a las dificultades. Pronto comienzan a llegar compatriotas, asoman las primeras banderas de la RASD al fondo de una larga avenida testigo de acotamientos históricos: la caída del imperio, la caída de la república de Weimar, el ascenso de la barbarie nazi y la entrada victoriosa de los ejércitos liberadores de la Unión Soviética. Y, sobre todo, de la famosa conferencia de Berlín donde las tierras de nuestra África fueron repartidas entre las potencias europeas. En aquella cita de la historia, nuestro pueblo, habituado a la libertad e independencia del desierto fue asignado a España sin consulta alguna, consentimiento o deseo explícito o tácito. Lo que ocurrió luego ya es conocido por todos.

Como si de una predicción mesiánica se tratara, la descendencia de aquellos hombres y mujeres, cuyo futuro fue determinado por decreto en una capital europea, vuelven al mismo lugar. No soy capaz de averiguar qué siente o qué piensa cada uno del significado de este lugar. Esto entra en una esfera más emocional y, por lo tanto, más complejo de medir bajo parámetros objetivos. Lo único que puedo contar es lo que yo sentí, aunque con ello pueda caer en el sesgo de percepción del que huye el método científico-objetivo.

Hay abrazos, saludos largos y calurosos, sonrisas, puños en alto y cantos espontáneos. Cunde una sensación generaliza de embriaguez y felicidad, pero aquí no hay alcohol ni nadie bebe, somos de tradición musulmana. Sin embargo, la sensación de felicidad y camaradería es completa. Conforme llegan más compatriotas y amigos de la causa desde los diferentes puntos de Europa la emoción aumenta más aún si cabe. Son miles de kilómetros recorrido, muchos han pasado la noche en autobuses, coches o esperando en un aeropuerto, pero el cansancio no parece haber hecho mella.

La policía nos autoriza conectar el sonido, comienzan a sonar los cánticos saharuis, cantos revolucionarios de los partisanos italianos, de la Cuba revolucionaria, un crisol de la mejor tradición artística de las causas libertadoras. La hostilidad meteorológica en forma de viento glacial parece que ha desaparecido y no, no ha bajado el termómetro ni las nubes han permitido al sol calentarnos.  El fervor hace su efecto entre las masas, hombre y mujeres llenos de júbilo y pasión revolucionaria gritan como nunca ¡SAHARA LIBERTA! ¡POLISARIO VENCERÁ¡

No tardan en llegar los curiosos, en diferentes idiomas tratamos de explicarles la historia. Sus caras expresan sorpresas y gestos de solidaridad hacia nuestra causa. Se acerca algún marroquí, trata de discutir, no puede, no tienen argumentos, insulta y le despachamos con un escueto pero hiriente “enhorabuena por vuestra boda con Israel, disfrutad la dote”.

Se quedan con nosotros palestinos, sirios, sudaneses, chilenos exiliados tras el golpe fascista, hermanos argelinos. Mientras las ratas marroquies quedan marginadas y aisladas, nosotros estamos totalmente arropados por todos los luchadores por la libertad. Los compatriotas que vienen de Bruselas traen una Jaima. La casa de los saharuis es levantada en el centro de Berlín y, como manda la mejor tradición de hospitalidad, a ella son invitados todos nuestros amigos compañeros de lucha.

Como dijera el comandante Che Guevara “la solidaridad es la ternura de los pueblos” y esta vez, los saharuis en Berlín sentimos mucha solidaridad, amigos alemanes del partido DIELINKE han estado con nosotros desde el primer momento, Izquierda Unida exterior se puso a disposición y Nerea, su representante para Europa trabajó por este acto como si se le fuera la vida en ello. La victoria de nuestro pueblo es segura, pero sobre todo será bella porque no es el resultado del esfuerzo de una nación, una etnia o de una idea identitaria. Será el resultado de un esfuerzo colectivo basado en la solidaridad y las más nobles ideas que unen a personas de todos los rincones del mundo.

Origen: Marcha en Berlín para reclamar la libertad del Sáhara Occidental.