El informe «Marruecos: desigualdad estructural, exclusión social y una juventud sin horizonte», publicado por Ceuta Ahora, ofrece una radiografía crítica de las tensiones sociales que atraviesan el país, más allá del discurso oficial de estabilidad y crecimiento. A partir de ese análisis, esta lectura comentada aborda las claves del modelo económico y social marroquí, el malestar de la juventud y las implicaciones políticas y geopolíticas de una desigualdad cada vez más visible.
El informe publicado por Ceuta Ahora pone el foco en una realidad que suele quedar relegada en el tratamiento mediático dominante sobre Marruecos. Frente a la imagen de estabilidad, modernización y crecimiento económico que proyecta el discurso oficial, el texto describe un país atravesado por profundas desigualdades estructurales, una exclusión social persistente y una juventud que percibe cada vez con mayor claridad la ausencia de un horizonte vital y laboral.
Uno de los elementos centrales del análisis es la existencia de una fractura social evidente. Por un lado, un Marruecos de grandes proyectos, inversiones estratégicas, infraestructuras emblemáticas y reconocimiento internacional; por otro, un Marruecos mayoritario que vive al margen de esos procesos, con dificultades de acceso a servicios públicos básicos y sin beneficiarse de los frutos del crecimiento. Esta brecha no responde a una coyuntura puntual, sino a un modelo económico concentrado, centralizado y estrechamente vinculado a redes de poder político y económico.
La desigualdad, tal como la presenta el informe, no es únicamente una cuestión de ingresos. Afecta al conjunto del sistema social: sanidad, educación, vivienda y protección social muestran carencias estructurales y una distribución profundamente desigual. La debilidad del Estado de bienestar obliga a amplios sectores de la población a depender de redes familiares, economía informal o mecanismos clientelares, lo que perpetúa la vulnerabilidad y limita cualquier posibilidad real de movilidad social.
La situación de la juventud ocupa un lugar destacado en esta lectura. A pesar del aumento de la escolarización y del número de jóvenes con formación media o superior, el desempleo juvenil se mantiene en niveles muy elevados. Para una parte significativa de esta generación, el acceso a un empleo estable no solo es difícil, sino excepcional. Esta desconexión entre formación y oportunidades reales genera frustración, desafección política y una sensación de bloqueo que atraviesa a buena parte de la sociedad joven.
El informe apunta además a una contradicción cada vez más visible: mientras amplios sectores juveniles carecen de perspectivas laborales y vitales, el Estado prioriza grandes proyectos simbólicos, eventos internacionales o inversiones de alto impacto mediático. Estas iniciativas refuerzan la imagen exterior del país, pero no responden a las demandas sociales más urgentes ni corrigen los desequilibrios estructurales. La percepción de que el desarrollo beneficia a una minoría y excluye a la mayoría alimenta un malestar latente que se expresa en protestas esporádicas, desconfianza institucional y, en muchos casos, en la emigración como única salida.
Desde el punto de vista político, el texto describe un modelo de estabilidad basado más en el control que en la inclusión social. La concentración del poder, la escasa capacidad de participación efectiva y la limitada apertura política dificultan cualquier reforma estructural profunda orientada a una redistribución real de la riqueza. Esta estabilidad, sostenida por equilibrios frágiles, aparece así como vulnerable a medio plazo si no se abordan las causas profundas del descontento social.
El análisis adquiere una dimensión claramente geopolítica cuando aborda las implicaciones de esta realidad para la relación con España y con Europa en general. Marruecos es un socio clave en ámbitos como la gestión migratoria, la seguridad y la cooperación regional. Esta interdependencia condiciona la capacidad de los socios europeos para adoptar posiciones más firmes en materia de derechos sociales, desigualdad o libertades, favoreciendo con frecuencia enfoques pragmáticos que priorizan la estabilidad inmediata sobre las reformas estructurales.
En conjunto, la lectura que propone Ceuta Ahora dibuja un Marruecos marcado por una paradoja profunda: crecimiento económico visible y proyección internacional, frente a una realidad social atravesada por la exclusión y la falta de expectativas para una parte decisiva de su población. Comprender esta tensión interna resulta clave para entender no solo la dinámica social del país, sino también su política exterior, su relación con Europa y los factores estructurales que alimentan la migración, el malestar social y la inestabilidad regional.
PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»
Descubre más desde No te olvides del Sahara Occidental
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
