Marruecos, el rey que rabió

Marruecos, el rey que rabió
 

Jesús Valencia.

ECS. Madrid. | Continúan las turbulencias desatadas tras la última avalancha de marroquíes arribados a Ceuta; vieja costumbre de la monarquía alauí la de utilizar a su pobrerío como vanguardia al servicio de la corona. Hassan II promovió la multitudinaria marcha verde de 1975 para apropiarse de tierras y bienes que pertenecen al pueblo saharaui. El actual monarca provocó la menguada marcha de 2014; retenido por error cuando correteaba en una moto de agua por las cercanías de Ceuta, descargó su rabia levantando la compuerta de su reino: 1300 de sus súbditos se agolparán durante varios días en la frontera compartida.

¿Cuál es la razón para que Mohamed VI haya provocado la actual marcha, fruto de su evidente rabieta?

 

Mucho se han aireado estos días los lujosos hábitos del monarca: los dos aviones Boeing de quita y pon que forman parte de su patrimonio, el séquito de 300 personas que le acompañan cuando veranea en la Costa Azul, su colección de 600 coches de lujo, ostentosas mansiones a lo largo del mundo, el reloj de mil diamantes. Y, en contraste con todo esto, la ingente caterva de súbditos explotados que le rinden pleitesía como pariente lejano del Profeta. Puede que estas informaciones no le hagan mucha gracia al monarca alauí, pero la causa del actual colerín, es otra; teme que se le escape una presa muy preciada: Brahim Ghali -líder del Frente Polisario- localizado en el hospital de Logroño en calidad de paciente.

Son incontables los abusos que comete el Májzen contra la subyugada población marroquí, pero hay uno que destaca por su refinada crueldad: la persecución internacional. Las rapaces nunca renuncian a la presa que tienen localizada; los opositores marroquíes nunca se libran del acoso del régimen, aunque pongan tierra de por medio. Parece que fuera un rasgo fundacional del Marruecos monárquico. El opositor Ben Barka se había exiliado en Europa tratando de salvar la vida; sabía que estaba condenado a muerte y que la policía de su país lo ejecutaría allá donde pudiera. Esta solicitó la colaboración de la policía francesa y del Mossad; todos a una participaron en el operativo. Ben Barka fue secuestrado a la puerta de una brasserie renombrada en la Rive Gouche de París. Siguiendo el encargo de Rabat, fue asesinado y su cadáver desaparecido. Misión cumplida.

Desde aquel octubre de 1965, la policía marroquí ha perfeccionado sus métodos; ahora cuenta con tres unidades que persiguen a la disidencia. Entre sus objetivos, constan escritores, activistas, ex pilotos del ejército, boxeadores renombrados y, sobre todo, saharauis. Estos conocen muy bien al enemigo. Cuando Marruecos emprendió la campaña para adueñarse del Sáhara, intentó apropiarse a un mismo tiempo de riquezas y gentes: una población sometida y asimilada nunca intentaría rebelarse. Se interpuso Argelia que ofreció al pueblo saharaui los campamentos de Tinduf como refugio de emergencia. Aquel imprevisto encendió la ira de Rabat que se enfrentó a Argelia y, en cuanto a los prófugos, los trató como acostumbra: bombardeos de napalm y fósforo blanco contra aquella multitud aterrorizada que se desplazaba hacia Tinduf.

Ahora le ha tocado el turno a Brahim Ghali. Varias Asociaciones de Víctimas del Terrorismo colaboraron con Marruecos y, en 2012, denunciaran al líder saharaui como criminal. Este empeño por descalificar a un patriota tildándolo de asesino, encuentra su réplica en la sensibilidad popular; muchas iniciativas legitiman la trayectoria de Brahim y apoyan la rebeldía saharaui como auténtica defensa nacional. La querella del 2012 se ha reactivado y Ghali está dispuesto a declarar ante la Audiencia Nacional. Quienes de verdad defienden a las víctimas hubieran denunciado a Mohamed VI, persona que tiene mucho que ver con delitos de lesa humanidad.

Origen: Marruecos, el rey que rabió.