El artículo «Sahara occidental : l’équipe dirigeante de la Minurso se réduit drastiquement», publicado por Africa Intelligence el 18 de marzo de 2026, aborda un fenómeno que pasa más desapercibido en el debate público, pero que resulta clave para entender la evolución del conflicto: el debilitamiento interno de la MINURSO en paralelo a su pérdida de centralidad política.
Según detalla la publicación, la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental atraviesa una reducción significativa de su estructura dirigente. En las últimas semanas, varios altos cargos han abandonado sus funciones sin que se hayan anunciado reemplazos. Entre ellos destaca la salida de Yusef Jedian, responsable del enlace de la ONU en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf desde 2016, que dejará su puesto a finales de marzo tras no prosperar un recurso ante el Tribunal Administrativo de Naciones Unidas.
A este movimiento se suman otras salidas relevantes en la cúpula de la misión. El jefe de gabinete de la MINURSO, el estadounidense Kenneth Payumo, dejó su cargo tras casi dos años en funciones, en una posición marcada por una alta rotación en los últimos años. También abandonó la misión la responsable de apoyo, la diplomática ruandesa Veneranda Mukandoli-Jefferson. Aunque el jefe de misión, Alexander Ivanko, se mantiene en su puesto, el conjunto refleja una pérdida progresiva de capacidad operativa y de continuidad institucional.
El artículo vincula este proceso con un cambio más amplio en la gestión del conflicto. La MINURSO aparece cada vez más desplazada por iniciativas impulsadas desde Washington, que han favorecido negociaciones directas entre Marruecos, Argelia y el Frente Polisario. En este contexto, también se subraya la creciente marginalización del enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, cuyo papel queda diluido frente a estas dinámicas paralelas.
En paralelo, se apunta a una posible redefinición del papel de la misión. Con la expiración de su mandato prevista para finales de octubre, la MINURSO podría evolucionar hacia una función centrada en la supervisión de un eventual proceso de autonomía en el territorio, lo que supondría un giro profundo respecto a su mandato original: la organización de un referéndum de autodeterminación.
Más allá del relevo de cargos: una tendencia de fondo
Lo relevante de esta evolución no es únicamente la salida de responsables, sino la dirección en la que parece avanzar la misión. La reducción de su estructura coincide con un momento en el que el marco jurídico del conflicto —basado en el derecho a la autodeterminación— resulta cada vez más incómodo para determinadas estrategias políticas.
En este sentido, el debilitamiento operativo de la MINURSO puede interpretarse como algo más que un problema administrativo. Se produce después de que la resolución 2797 del Consejo de Seguridad no lograra consolidar los intentos de redefinir el papel de la misión, y en un contexto en el que se intensifican las iniciativas para desplazar el eje del proceso fuera del marco estrictamente onusiano.
Una misión en riesgo de desnaturalización
Si esta tendencia se confirma, el riesgo no es solo la pérdida de eficacia de la MINURSO, sino su transformación en un instrumento distinto al previsto originalmente. Pasar de una misión concebida para organizar un referéndum a una estructura orientada a acompañar soluciones previamente definidas supondría un cambio sustancial en el enfoque del proceso.
En ese escenario, la cuestión central deja de ser únicamente el futuro de la misión, para convertirse en una pregunta más amplia: qué papel sigue teniendo el derecho internacional en la resolución del Sáhara Occidental.
Porque más allá de las dinámicas diplomáticas o de las estrategias geopolíticas, el marco jurídico no ha cambiado. Y es precisamente ese marco el que, una vez más, parece quedar en segundo plano frente a los equilibrios de poder.
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