(Segundo episodio de la serie « El enigma Mohammed VI », publicado por Le Monde, 25 de agosto de 2025.)
Una herencia difícil de asumir
El 25 de julio de 1999, Marruecos enterraba a Hassan II, soberano que había marcado el país durante casi cuarenta años. Su muerte cerraba una época y abría un nuevo capítulo confiado a su hijo, Mohammed VI. Pero detrás de la solemnidad de la sucesión se escondía una herida íntima: la juventud de un heredero que había crecido bajo la mirada despectiva de un padre autoritario que dudaba de sus capacidades para reinar.

El hijo cuestionado por un padre autoritario
Como recuerda Le Monde, Hassan II, estratega implacable y dueño absoluto del Estado, no veía en su hijo la talla de un rey. El joven Mohammed, aficionado a la vida mundana y a las fiestas, no correspondía a la imagen austera y rigurosa que su padre esperaba de un heredero. Esta desconfianza se tradujo en marginación: relegado a papeles protocolarios, el príncipe no tuvo acceso real a los resortes del poder.
Estas humillaciones repetidas forjaron una personalidad marcada por la duda. Mohammed VI creció en la sombra de un padre dominante, más espectador que actor de los asuntos del reino. Cuando la muerte llegó en 1999, fue un heredero debilitado el que se encontró de golpe en lo más alto del Estado.
Una sucesión bajo el signo de la continuidad
El fallecimiento de Hassan II fue un acontecimiento internacional. Los jefes de Estado occidentales — Jacques Chirac, Bill y Hillary Clinton, George Bush, Juan Carlos de España — acudieron a rendir homenaje a un aliado fiel. En cambio, pocos dirigentes árabes hicieron el desplazamiento, lo que revelaba la distancia asumida de Hassan II respecto a la Liga Árabe. Esa orientación diplomática hacia Occidente se convirtió de inmediato en un legado a gestionar para Mohammed VI, obligado a prolongar esa línea política.

En este contexto, la subida al trono del nuevo rey suscitó interrogantes: ¿sería capaz aquel heredero, considerado frágil, de encarnar el papel de Comendador de los Creyentes y jefe de Estado? La monarquía garantizaba la continuidad, pero la legitimidad personal del nuevo soberano estaba por construir.
Las consecuencias políticas de una juventud contrariada
Esa juventud marcada por el desprecio paterno explica en parte el estilo de gobierno de Mohammed VI. Por un lado, buscó romper con la imagen autoritaria de su padre, adoptando una postura más cercana al pueblo y multiplicando gestos de apertura. Por otro, sigue preso de un sistema heredado: el de una monarquía centralizada, apoyada en un aparato político-económico que limita cualquier evolución democrática.
Así se dibuja una de las paradojas del « enigma Mohammed VI »: un rey personalmente frágil, pero depositario de un poder institucional casi absoluto. Una contradicción que sigue definiendo su reinado y alimenta el debate sobre la verdadera naturaleza del cambio en Marruecos.
Referencia
Este artículo de análisis de la PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL» está basado en el segundo episodio de la serie « El enigma Mohammed VI » publicado por Le Monde el 25 de agosto de 2025.
🔗 Leer el artículo original (reservado a suscriptores): Mohammed VI, une jeunesse à l’ombre de Hassan II