Según publica Africa Intelligence, Washington estaría preparando en los próximos días una primera secuencia de discusiones sobre el Sáhara Occidental en un formato discreto y deliberadamente alejado del marco de Naciones Unidas. La reunión, de carácter exploratorio, reuniría a Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania en territorio estadounidense, mientras que Doha y Oslo aparecen como posibles sedes para futuras rondas. Presentada como una aceleración del calendario diplomático bajo impulso directo de Estados Unidos, esta iniciativa plantea interrogantes de fondo que no pueden despacharse como un simple movimiento táctico.
El primer riesgo evidente es la sustitución del derecho internacional por una lógica de resultados rápidos, una constante en la política exterior de la Administración Trump. La exclusión inicial de la ONU no es un elemento técnico ni provisional, sino una señal política clara: desplazar un proceso de descolonización, regido por resoluciones y principios jurídicos consolidados, hacia un terreno de negociación política donde el equilibrio de fuerzas sustituye a la legalidad. En el caso del Sáhara Occidental, este desplazamiento no es neutral: favorece objetivamente a la potencia ocupante.
La experiencia reciente de Palestina resulta especialmente reveladora. Bajo la presidencia de Trump, Washington impulsó iniciativas unilaterales —desde el llamado “acuerdo del siglo” hasta el reconocimiento de hechos consumados sobre el terreno— que ignoraron el derecho internacional, marginaron a la ONU y vaciaron de contenido el principio de autodeterminación. El resultado no fue la paz ni la estabilidad, sino la consolidación de la ocupación, la normalización de la impunidad y un agravamiento dramático de la situación sobre el terreno. Pretender que una metodología similar pueda aplicarse al Sáhara Occidental sin consecuencias es, como mínimo, una peligrosa ilusión.
Otro elemento de riesgo es la normalización del plan de autonomía marroquí como punto de partida implícito, pese a carecer de validez jurídica internacional y haber sido rechazado reiteradamente por el Frente Polisario. Presentarlo como un proyecto “casi finalizado”, tal como recoge Africa Intelligence, contribuye a crear un clima político destinado a desplazar el debate desde el derecho a decidir hacia la gestión de una solución impuesta. Esta estrategia no es nueva: consiste en transformar una cuestión de descolonización en un problema de gobernanza interna, vaciando de contenido el sujeto político saharaui.
La propia configuración de la reunión refuerza estas preocupaciones. La posible participación de responsables del aparato de seguridad marroquí, incluido el servicio de inteligencia exterior, en una fase supuestamente exploratoria, revela hasta qué punto Rabat concibe el proceso en términos de control y seguridad, no de derechos. En este contexto, el riesgo no es solo el fracaso de las conversaciones, sino su instrumentalización para legitimar una narrativa de “diálogo en curso” mientras la ocupación y la represión continúan sobre el terreno.
Desde la Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL consideramos especialmente preocupante que se consolide una diplomacia paralela, donde la ONU queda relegada a un papel decorativo o diferido. El precedente palestino demuestra que, una vez desplazado el marco multilateral, resulta extremadamente difícil reintroducir garantías jurídicas reales. El Sáhara Occidental corre así el riesgo de convertirse en un nuevo laboratorio de soluciones geopolíticas rápidas, diseñadas para satisfacer equilibrios regionales y agendas internas estadounidenses, pero no los derechos del pueblo afectado.
La mención de Noruega como posible sede alternativa introduce un matiz distinto, dado el respaldo histórico existente en ese país al derecho del pueblo saharaui. Sin embargo, incluso este escenario no elimina el problema de fondo: no es el lugar lo que legitima un proceso, sino el marco jurídico en el que se inscribe. Sin un mandato claro de Naciones Unidas y sin el reconocimiento explícito del derecho a la autodeterminación como eje central, cualquier negociación corre el riesgo de convertirse en una puesta en escena.
El Frente Polisario, cuya centralidad reconoce implícitamente el propio artículo al detallar la composición de su delegación, sigue siendo el único y legítimo representante del pueblo saharaui. Pero incluso este reconocimiento puede verse neutralizado si el proceso se diseña para erosionar su capacidad política y desplazar el conflicto hacia una solución predeterminada. La historia del Sáhara Occidental demuestra que no hay atajos legítimos: cada intento de imponer una salida rápida al margen del derecho ha prolongado el conflicto y profundizado la injusticia.
Victoria G. Corera
Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Origen: Maroc • Sahara occidental : Washington prépare une première séquence de discussions
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