Respuesta a ‘The Times of Israel’: el pueblo saharaui no es ni un accesorio ni una construcción política – Mohamed Elbaikam en Algérie Patriotique
Una colaboración de Mohamed Elbaikam – El reciente artículo “The War Both Morocco and Algeria Fear to Win” plantea una tesis provocadora: que el Frente Polisario sobreviviría porque Marruecos y Argelia necesitarían el conflicto para justificar sus respectivos sistemas políticos.
Como saharaui que ha vivido la realidad de este conflicto, considero que este análisis pasa por alto el elemento más importante: el propio pueblo.
El Sáhara Occidental no es un enigma geopolítico mantenido por regímenes rivales. Se trata de un proceso de descolonización inacabado, reconocido como tal por el derecho internacional.
El pueblo saharaui no es ni un accesorio ni una construcción política. Somos una nación cuyo derecho a la autodeterminación ha sido reafirmado en múltiples ocasiones:
- Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU (1960): independencia para todos los pueblos colonizados.
- Corte Internacional de Justicia (Dictamen consultivo de 1975): inexistencia de vínculos de soberanía entre Marruecos y el Sáhara Occidental.
- Tribunal de Justicia de la Unión Europea (2016, 2018, 2021, 2024): el Sáhara Occidental y Marruecos son “territorios separados y distintos”, y ningún acuerdo puede incluir este territorio sin el consentimiento del pueblo saharaui.
No se trata de interpretaciones políticas, sino de hechos jurídicos vinculantes.
El error fundamental del artículo: borrar al pueblo saharaui
El artículo sostiene que Marruecos no puede poner fin al conflicto sin debilitar a la monarquía, mientras que Argelia no podría hacerlo sin exponer sus propias vulnerabilidades políticas.
Este enfoque transforma el conflicto en un drama psicológico entre dos regímenes. Esta lectura no solo es errónea, sino también históricamente engañosa.
El conflicto no comenzó como una confrontación entre Marruecos y Argelia:
- El Frente Polisario fue fundado en 1973 como un movimiento anticolonial contra la dominación española.
- Marruecos y Mauritania entraron en el territorio en 1975 mediante los Acuerdos de Madrid con España, pese al dictamen de la Corte Internacional de Justicia que establecía la inexistencia de vínculos de soberanía marroquíes sobre el Sáhara Occidental.
- Decenas de miles de saharauis huyeron bajo los bombardeos, no porque Argelia “necesitara una causa”, sino porque las fuerzas marroquíes avanzaban sobre el territorio.
Reducir esta historia a una rivalidad entre Rabat y Argel ignora a un pueblo que resistía la dominación colonial mucho antes de 1975 y oculta el alto precio pagado por la población saharaui: desplazamientos forzados, bombardeos y ocupación.
La lucha saharaui la protagonizan los saharauis, no Argelia
Desde hace cinco décadas:
- Los refugiados saharauis sobreviven en uno de los entornos desérticos más hostiles del planeta.
- Los activistas en los territorios ocupados han sufrido encarcelamientos, torturas y desapariciones forzadas.
- Una nueva generación, nacida tras el alto el fuego, ha continuado la lucha en los planos político, jurídico y diplomático, no por una “programación regional”, sino porque heredó una causa nacional no resuelta.
Desde los años setenta, el encarcelamiento político en el Sáhara Occidental es la expresión directa del rechazo saharaui a la ocupación marroquí, protagonizado por saharauis que viven bajo control militar y al margen de cualquier dependencia externa. La larga lista de presos políticos saharauis da testimonio de un rechazo popular a la ocupación, no de la agenda de un actor regional.
Del mismo modo, la Intifada de la independencia de 2005 y el campamento de protesta de Gdeim Izik en 2010 no fueron acontecimientos aislados ni el resultado de influencias externas. Fueron levantamientos políticos que expresaban la realidad vivida por los saharauis bajo ocupación, y simbolizaban una exigencia colectiva de dignidad, libertad y derecho a la autodeterminación.
Sugerir que los saharauis “existen políticamente” únicamente porque Argelia acoge a refugiados es profundamente irrespetuoso con una historia documentada de resistencia, sufrimiento y reconocimiento jurídico.
El conflicto persiste porque Marruecos rechaza una solución democrática
No hay simetría posible. Una sola parte bloquea el proceso de Naciones Unidas.
Marruecos rechaza cualquier referéndum que incluya la opción de la independencia, pese a que esta constituye el núcleo de la solución acordada en el alto el fuego de 1991 y garantizada por la ONU.
La MINURSO fue creada con una única misión: organizar un referéndum.
Marruecos bloquea ese referéndum desde hace más de treinta años.
La capacidad de Marruecos para desafiar el derecho internacional no puede entenderse sin reconocer la protección de la que goza por parte de actores internacionales poderosos. El apoyo de Francia e Israel —en el sistema de Naciones Unidas y en las capitales occidentales— refuerza la capacidad de Rabat para rechazar un proceso democrático y legal de autodeterminación. Redes de lobbying en Europa y Estados Unidos, algunas con afiliación judía, se inscriben en una estrategia más amplia destinada a bloquear cualquier solución basada en el derecho internacional.
Francia también ha proporcionado apoyo militar directo a Marruecos en el conflicto contra el pueblo saharaui, mientras que Israel ha reforzado las capacidades de vigilancia e inteligencia marroquíes mediante programas avanzados de software espía. A día de hoy, ambos países continúan protegiendo diplomáticamente a Marruecos, permitiéndole eludir sus obligaciones jurídicas internacionales.
Por el contrario, el apoyo de Argelia al pueblo saharaui se enmarca en una lógica de liberación, no de manipulación geopolítica. Argelia acogió a decenas de miles de saharauis que huían de los bombardeos —incluidos ataques con napalm, como en Um Dreiga—, ofreciendo refugio a civiles amenazados de muerte y desplazamiento masivo. Este apoyo es conforme al derecho internacional, que reconoce el derecho de los pueblos colonizados a resistir la ocupación.
El autor acierta en un punto: ambos regímenes temen la paz, pero por razones muy distintas
- Marruecos teme la paz porque teme un referéndum democrático y verificable.
- Argelia teme una desestabilización regional en caso de reanudación del conflicto.
- Los saharauis solo temen una cosa: que el mundo siga ignorándolos.
Conclusión: este conflicto necesita verdad, no metáforas psicológicas
El conflicto del Sáhara Occidental no es ni un mito marroquí, ni una invención argelina, ni una “válvula de escape para regímenes autoritarios”.
Es una cuestión colonial pendiente de descolonización, reconocida por las Naciones Unidas, las jurisdicciones internacionales y las principales instituciones jurídicas.
Los saharauis no piden a Europa, ni a África, ni al mundo árabe, ni a Asia, ni a las Américas que tomen partido geopolíticamente.
Pedimos una sola cosa: que el derecho internacional se nos aplique, como se aplica a todos los demás pueblos bajo ocupación.
El artículo publicado en The Times of Israel analiza los “miedos de los regímenes”, pero ignora las esperanzas y los derechos de una nación.
Ningún análisis del Sáhara Occidental está completo sin la voz saharaui.
M. E.
Militante y escritor saharaui independiente, especializado en la cuestión del Sáhara Occidental.
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