En un contexto marcado por el estancamiento político y el escaso foco mediático sobre el Sáhara Occidental, la película Nomad Shadow, de la cineasta Eimi Imanishi, propone una mirada distinta sobre la realidad del territorio y de la diáspora saharaui.
La obra combina testimonio, experiencia personal y rodaje en condiciones difíciles —incluyendo escenas filmadas de forma clandestina en los territorios ocupados— para construir un relato que aborda cuestiones como la identidad, la deportación y la vida cotidiana de los saharauis más allá de los tópicos habituales.

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La película sigue a Mariam, una joven saharaui que ha construido su vida en Barcelona pero es deportada y obligada a regresar a un entorno que ya no siente como propio. A partir de esta premisa, Nomad Shadow explora el desarraigo, la pérdida de identidad y el impacto psicológico de una realidad marcada por el conflicto y el exilio.
Uno de los aspectos más destacados del film es su voluntad de mostrar la diversidad de la sociedad saharaui, alejándose de visiones simplificadas y reflejando tanto las dificultades como las contradicciones de una comunidad atravesada por décadas de ocupación y desplazamiento.