La ONU vuelve a denunciar torturas y confesiones forzadas contra presos saharauis de Gdeim Izik

El Comité contra la Tortura considera que los casos examinados reflejan un “problema estructural” en Marruecos y vuelve a cuestionar la validez de las condenas contra activistas saharauis.

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La cuestión de los presos saharauis de Gdeim Izik ha vuelto a situarse en el centro de las denuncias internacionales sobre derechos humanos en el Sáhara Occidental. El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas concluyó esta semana que Marruecos violó los derechos de varios detenidos saharauis vinculados al campamento de protesta de Gdeim Izik y señaló la existencia de un “problema estructural” en el tratamiento judicial de estos casos.

Las conclusiones del organismo de la ONU afectan a cuatro nuevas denuncias relacionadas con activistas saharauis detenidos tras el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik en 2010, considerado por muchos analistas como uno de los mayores precedentes de movilización saharaui contemporánea antes incluso de las llamadas “primaveras árabes”.

Según el Comité, los testimonios examinados vuelven a mostrar un patrón repetido de detenciones arbitrarias, aislamiento, torturas, malos tratos y utilización de confesiones obtenidas bajo coacción durante los procedimientos judiciales posteriores.

Las denuncias recogidas por Naciones Unidas describen golpes, amenazas, posiciones de estrés prolongadas, aislamiento y ausencia de investigaciones efectivas sobre las alegaciones de tortura realizadas por los detenidos saharauis.

Uno de los aspectos más graves señalados por el Comité contra la Tortura es que las autoridades judiciales marroquíes habrían ignorado durante años las denuncias formuladas por los propios detenidos, permitiendo además que confesiones cuestionadas terminaran utilizándose como prueba central en los procesos judiciales.

La ONU considera especialmente preocupante que estos casos no aparezcan ya como irregularidades aisladas, sino como parte de un funcionamiento reiterado en los procesos relacionados con Gdeim Izik.

Y precisamente ahí reside la enorme dimensión política del pronunciamiento.

Porque durante años Marruecos ha intentado presentar a los presos de Gdeim Izik como responsables de actos criminales o violentos desvinculados del conflicto político saharaui, alimentando además campañas de criminalización contra el movimiento saharaui similares a las que analizábamos recientemente en nuestro artículo sobre la acusación de “terrorismo” contra el Frente Polisario. Sin embargo, Naciones Unidas vuelve a poner el foco en las denuncias de tortura, en la ausencia de garantías judiciales y en el uso de confesiones obtenidas bajo presión.

El Comité recordó además que ya había examinado anteriormente otros seis casos similares relacionados con presos saharauis de Gdeim Izik, reforzando así la idea de un problema persistente y estructural.

Las conclusiones vuelven a situar también la cuestión saharaui dentro del ámbito internacional de los derechos humanos en un momento en que Marruecos intenta consolidar la imagen de un conflicto políticamente cerrado o normalizado.

Mientras tanto, los presos saharauis de Gdeim Izik continúan siendo uno de los símbolos más visibles de la represión denunciada desde hace años por organizaciones saharauis e internacionales de derechos humanos.