Hoy, 1 de mayo de 2026, la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores en el mundo saharaui ha vuelto a poner de relieve una realidad constante: la cuestión laboral no puede separarse del conflicto político y del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Desde los campamentos de refugiados hasta las ciudades ocupadas, pasando por la diáspora en Europa, las movilizaciones y declaraciones de esta jornada han coincidido en un mismo eje: la reivindicación de derechos laborales se entrelaza de forma inseparable con la lucha por la libertad y la independencia.
En los campamentos de refugiados, el acto central celebrado en la wilaya de El Aaiún ha estado marcado por discursos que han reconocido el papel de los trabajadores saharauis a lo largo de cinco décadas de resistencia. La Unión General de Trabajadores de Saguia El-Hamra y Río de Oro (UGTSARIO) ha subrayado la contribución constante de la clase trabajadora a la construcción institucional y al sostenimiento de la vida en el exilio, en condiciones marcadas por la provisionalidad convertida en estructura.
Al mismo tiempo, el secretario general del sindicato saharaui, Nafee Mohamed Ahmed, ha denunciado la situación que enfrentan los trabajadores en las zonas ocupadas, señalando prácticas de marginación, exclusión y acoso que afectan de manera directa a la población saharaui. En este contexto, ha destacado los despidos arbitrarios, la precarización y la utilización de mano de obra externa como herramientas que contribuyen a alterar la estructura social y económica del territorio.
Estas denuncias se han acompañado de una condena explícita al expolio de los recursos naturales, vinculado a la actividad de empresas extranjeras en colaboración con Marruecos, así como de un reconocimiento a la resistencia de los presos políticos saharauis, especialmente los del grupo de Gdeim Izik, cuya situación sigue siendo un símbolo de la represión en el territorio ocupado.
Desde el ámbito institucional, el ministro saharaui de Función Pública, Salek Baba Hasanna, ha insistido en que los trabajadores saharauis han acompañado durante cincuenta años el proceso de lucha nacional, incluso en condiciones marcadas por el exilio y la dispersión geográfica. En sus declaraciones, ha destacado la unidad del pueblo saharaui como un elemento central para la consecución de la soberanía sobre el conjunto del territorio.
Fuera del territorio saharaui, la jornada también ha tenido una dimensión internacional significativa. En Francia, la diáspora saharaui ha participado en las manifestaciones del Primero de Mayo en ciudades como París, Burdeos o Toulouse, donde la presencia de banderas saharauis y mensajes en favor de la autodeterminación ha servido para visibilizar el conflicto en el espacio público europeo.
En España, la causa saharaui ha estado presente en la manifestación de Barcelona, con la participación de colectivos solidarios y representantes del Frente Polisario. Durante la marcha, se han reivindicado tanto los derechos laborales de los trabajadores saharauis como el fin del saqueo de los recursos naturales y el respeto al derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.
En conjunto, las movilizaciones del Primero de Mayo en el ámbito saharaui han vuelto a evidenciar una constante que atraviesa todas estas realidades: la imposibilidad de separar la cuestión social de la cuestión política. En el caso del Sáhara Occidental, las reivindicaciones laborales no se limitan a mejoras económicas o condiciones de trabajo, sino que se inscriben en un marco más amplio marcado por la ocupación, el exilio y la ausencia de una solución política.
Lejos de ser una conmemoración aislada, esta jornada confirma que la lucha de los trabajadores saharauis sigue vinculada, de manera directa, al objetivo central de autodeterminación e independencia.