La nota oficial de Moncloa tras la XIII Reunión de Alto Nivel con Marruecos es un ejercicio de propaganda diplomática que intenta maquillar como “modernización” lo que en realidad es una claudicación política sin precedentes. Mientras Rabat proclama desde Madrid que el Sáhara es “territorio marroquí”, exige la gestión del espacio aéreo y evita reconocer la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, el Gobierno español publica un comunicado donde todo es “excelente”, “positivo” y “transversal”. La distancia entre la realidad y la nota oficial es tan evidente que sólo puede explicarse desde la renuncia deliberada a defender el interés nacional y el derecho internacional.
El comunicado huye de los temas críticos con una precisión quirúrgica. Ni rastro del Sáhara Occidental, ni de la resolución 2797 que Marruecos manipula abiertamente, ni de la presión marroquí sobre Canarias, ni de la ausencia de avances en las aduanas de Ceuta y Melilla. La Moncloa se limita a enumerar memorandos y acuerdos técnicos como si el problema estuviera en digitalizar formularios, intercambiar deportistas o actualizar programas educativos, mientras Marruecos aprovecha cada foro para presentar su ocupación del Sáhara como un hecho consumado con aval español.
La retórica de “relación excelente” sirve para encubrir una relación asimétrica: Marruecos obtiene apoyo político, legitimación internacional y silencio español ante sus reivindicaciones territoriales; España recibe, a cambio, promesas vagas, cooperaciones técnicas y fotos oficiales. La nota afirma que ambas partes comparten “visión de futuro”, pero la única visión real es la marcada por la hoja de ruta de 2022, donde España cedió su neutralidad histórica sin obtener ni garantías jurídicas, ni reconocimiento territorial, ni reciprocidad política.
Más grave aún es la falta total de transparencia. La RAN se ha celebrado sin rueda de prensa, sin preguntas, sin escrutinio público, y bajo la protesta explícita de la Asociación de la Prensa de Madrid. Mientras el ministro marroquí se permitía ayer lanzar advertencias en la prensa española, Moncloa ha optado por blindar la cumbre al debate democrático. No es cooperación: es opacidad para evitar explicar concesiones.
Este comunicado no es una nota informativa: es la confirmación de que el Gobierno español prefiere proteger la narrativa de Rabat antes que defender el derecho internacional, la seguridad en Canarias y los intereses de un territorio —el Sáhara Occidental— que sigue siendo, según la ONU, una colonia pendiente de descolonización.
España aparece como un socio que calla, asiente y celebra acuerdos secundarios mientras Marruecos avanza en su agenda estratégica. Y que lo haga desde Moncloa, en una cumbre sin preguntas y con entusiasmo unilateral, sólo refuerza la imagen de una diplomacia subordinada, opaca y políticamente arrodillada ante Rabat.
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