Hoy se cumplen 50 años de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el Estado del pueblo saharaui instaurado por el Frente Polisario en 1976, poco después de que la marcha verde lanzada por el monarca marroquí Hassan II ocupase por la vía de los hechos el territorio que abandonaba a su suerte la potencia colonial, es decir, el Estado español. La responsabilidad de Madrid en el desdichado sino del Sáhara Occidental sigue siendo insoslayable. No en vano, se trata del último territorio africano pendiente de descolonización, según la clasificación de la propia ONU.
La RASD, reconocida por 84 países y miembro de la Unión Africana, nació como firme reivindicación del anhelo y del derecho saharaui de gobernarse a sí mismo en un territorio libre de injerencias españolas, marroquíes y mauritanas. Un deseo emancipador que el desierto no ha conseguido tragarse tras una guerra desigual de tres lustros y 35 años de viacrucis diplomático. Las impotencias y límites de las Naciones Unidas no han empezado con Donald Trump, lo cual no es un argumento en contra de la ONU, sino en contra de quienes han capado su desarrollo desde el inicio. El referéndum contemplado en el acuerdo que puso fin a las hostilidades armadas en 1991 sigue durmiendo el sueño de los justos, tras las mil y una trabas inventadas por Rabat y la aquiescencia de los países ricos. La geopolítica no rema a favor del pueblo saharaui, por mucho que el derecho internacional lo asista. Marruecos tiene la llave de buena parte del flujo migratorio africano a Europa y juega con ella ante una UE temerosa. También tiene importantes lazos con Tel Aviv y Washington.
Como contrapunto, el apoyo de los países del Sur Global, especialmente de la vecina Argelia, así como una red de solidaridad muy presente en Euskal Herria, han acompañado a la RASD estos largos años. Sin idealizar una dura situación, el aniversario no tiene por qué ser un compendio de los problemas acumulados; debiera ser también una jornada para celebrar la tozuda voluntad del pueblo saharaui para, contra viento y marea, vivir libre y soberanamente en su país.
Source: RASD: un día para celebrar la voluntad de ser | Opinion | GARA Euskal Herriko egunkaria
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