
El diplomático argelino Amar Belani plantea una cuestión que merece atención: hasta qué punto los beneficios obtenidos por Marruecos con los Acuerdos de Abraham pueden sobrevivir a los cambios políticos en Estados Unidos. Su análisis parte de una idea conocida, pero no siempre suficientemente recordada: la decisión de Donald Trump de reconocer en 2020 la pretendida soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental formó parte de una negociación política vinculada a la normalización de relaciones entre Rabat e Israel.
Belani define ese modelo como una diplomacia transaccional. Marruecos consiguió una decisión estadounidense de enorme valor político para su estrategia sobre el Sáhara Occidental; los Emiratos Árabes Unidos obtuvieron, por su parte, ventajas relacionadas con la cooperación militar y el acceso a tecnología estadounidense. Su tesis es que este tipo de acuerdos contienen también una debilidad: dependen en gran medida de decisiones del poder ejecutivo estadounidense y, por tanto, de equilibrios políticos que pueden cambiar.
En el caso saharaui, esa reflexión resulta especialmente interesante porque el reconocimiento de 2020 fue formalizado mediante una proclamación presidencial de Trump. La decisión estadounidense no modificó el estatuto internacional del Sáhara Occidental en Naciones Unidas ni resolvió el proceso de descolonización pendiente, aunque proporcionó a Rabat uno de sus principales avances diplomáticos de las últimas décadas.
Belani mira ahora hacia las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre de 2026 y, sobre todo, hacia el final del actual mandato de Trump en 2029. Considera que un cambio en las mayorías políticas, unido a la evolución del debate estadounidense sobre Israel, podría volver a abrir cuestiones que hoy parecen consolidadas. Es una hipótesis geopolítica, no una previsión segura, pero recuerda algo importante: los avances diplomáticos de Marruecos tampoco son necesariamente irreversibles.
Conviene introducir, no obstante, un matiz. La fragilidad de la decisión de Trump no procede simplemente de que el Congreso estadounidense no la haya convertido en una ley. El reconocimiento exterior pertenece esencialmente a las competencias presidenciales de Estados Unidos. La cuestión relevante es otra: una decisión política adoptada por una Administración puede ser revisada por otra si cambian las prioridades y las relaciones de fuerza en Washington.
El análisis de Belani ayuda así a mirar los Acuerdos de Abraham no como un punto final, sino como parte de una correlación de fuerzas sometida a cambios. Marruecos ha avanzado mucho en la normalización internacional de su ocupación del Sáhara Occidental, pero convertir esos avances en hechos permanentes es otra batalla distinta.
Artículo original: Amar Belani, «Accords d’Abraham, Maroc et Émirats : les failles d’une diplomatie transactionnelle en sursis», 25 de agosto de 2026.