Un estudio elaborado por el organismo saharaui encargado de la acción contra las minas (SMACO), y difundido por Sahara Press Service (SPS), pone cifras y contexto a una realidad cada vez más visible en el conflicto del Sáhara Occidental: el uso creciente de drones en ataques que afectan directamente a la población civil.
El informe analiza el periodo comprendido entre 2021 y 2024, con actualización hasta 2025, y documenta al menos 123 ataques con drones, a los que se suman decenas de nuevos incidentes en el último año. Según los datos recogidos sobre el terreno, estas acciones han provocado víctimas civiles y daños en actividades económicas básicas, en un contexto alejado de las zonas de combate directo.
Una nueva fase del conflicto
El estudio señala que el uso de drones representa un cambio significativo en la naturaleza del conflicto. Este tipo de tecnología permite realizar ataques a distancia, sin exposición directa de las fuerzas que los ejecutan, en lo que se describe como una lógica de “cero riesgo”.

Más allá de lo técnico, el informe advierte de un efecto más profundo: la progresiva deshumanización de la guerra. La capacidad de operar a distancia, sin contacto directo con el terreno ni con las víctimas, introduce dinámicas que reducen los límites tradicionales del uso de la fuerza.
Civiles en el centro de los ataques
Uno de los elementos más relevantes del estudio es la identificación de patrones de ataque que afectan a población civil. Entre los objetivos más frecuentes se encuentran personas en tránsito y actividades económicas vulnerables, muchas de ellas desarrolladas en zonas alejadas del muro marroquí y de cualquier frente de combate.
La distribución geográfica de los ataques, en áreas abiertas y sin cobertura, permite —según el informe— distinguir con claridad entre objetivos civiles y militares. A pesar de ello, se documentan impactos directos sobre población no combatiente, lo que plantea serias dudas sobre el respeto a los principios de distinción y proporcionalidad recogidos en el derecho internacional humanitario.
Impacto humano: desplazamiento, miedo y trauma
El uso de drones ha tenido también consecuencias directas en la vida cotidiana de la población saharaui en las zonas afectadas. El estudio recoge desplazamientos de familias desde localidades como Tifariti, Mehaires o Bir Lehlu hacia zonas consideradas más seguras, incluso fuera del territorio.
Además de las víctimas directas, se documentan efectos psicológicos persistentes: ansiedad, miedo constante, alteraciones del sueño y lo que algunos testimonios describen como temor a los espacios abiertos ante la posibilidad de nuevos ataques.
El informe señala que este impacto no es puntual, sino que altera de forma prolongada las condiciones de vida de la población.
Una cuestión de derecho internacional
Desde el punto de vista jurídico, el estudio plantea interrogantes relevantes. Las características del terreno —espacios abiertos, visibilidad elevada— facilitarían la identificación de objetivos, lo que refuerza la exigencia de respetar los principios básicos del derecho internacional humanitario.
Sin embargo, los datos recopilados apuntan a un uso de la fuerza que no siempre distingue entre objetivos civiles y militares. A ello se suma la ausencia de investigaciones independientes y de mecanismos efectivos de rendición de cuentas, lo que contribuye a una percepción de impunidad.
El informe también señala posibles implicaciones internacionales en el uso del espacio aéreo y en la transferencia de tecnología militar, en un contexto en el que la cooperación en materia de defensa ha aumentado en los últimos años.
Un fenómeno estructural, no puntual
Pese a las variaciones en la intensidad de los ataques a lo largo de los años, el estudio concluye que el uso de drones en el Sáhara Occidental no responde a episodios aislados, sino a una tendencia consolidada.
La continuidad de estos ataques, incluso en periodos de menor intensidad, confirma que se trata de una dinámica integrada en la evolución del conflicto.
Un conflicto que evoluciona, una realidad que persiste
El Sáhara Occidental sigue siendo, cincuenta años después, un territorio pendiente de descolonización. Pero, además, es también un conflicto que se transforma, incorporando nuevas tecnologías y nuevas formas de violencia.
El estudio de SMACO aporta un elemento clave para entender esta evolución: la guerra no solo continúa, sino que cambia. Y en ese cambio, la población civil vuelve a ocupar una posición central.