La guerra contra Irán y el Sáhara Occidental: la geopolítica redefine los equilibrios regionales

La guerra contra Irán y el Sáhara Occidental: la geopolítica redefine los equilibrios regionales

Por Victoria G. Corera – Plataforma “NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL”

La escalada militar en torno a Irán, con la implicación directa de Estados Unidos e Israel, supera ampliamente el marco de Oriente Medio. Se inscribe en una recomposición geopolítica más amplia que afecta también al norte de África. En este contexto, el Sáhara Occidental vuelve a aparecer como un elemento indirecto —pero estratégico— dentro de unos equilibrios internacionales en transformación.

El posicionamiento de Marruecos responde a una línea política consolidada en los últimos años. Desde la normalización de relaciones con Israel en 2020, en el marco de los llamados Acuerdos de Abraham, y el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Rabat ha reforzado su alianza con Washington y Tel Aviv. Este eje político, económico y militar se mantiene en el actual escenario de tensiones, confirmando un alineamiento sostenido.

Más allá de las declaraciones, esta convergencia se apoya en intereses concretos: cooperación en materia de seguridad, inversiones en sectores estratégicos y desarrollo de proyectos conjuntos, incluidos algunos vinculados al territorio del Sáhara Occidental. El respaldo estadounidense a la posición marroquí no puede entenderse al margen de esta red de intereses, que sitúa el conflicto saharaui dentro de una lógica geopolítica más amplia.


Contexto regional: Argelia e Irán, entre tensiones históricas y pragmatismo

La relación entre Argelia e Irán ha estado marcada por una evolución compleja, lejos de cualquier esquema simplista. A lo largo de las últimas décadas, ambos países han alternado fases de cooperación con momentos de ruptura, en función de sus intereses y del contexto internacional.

Durante los años ochenta, Argelia desempeñó un papel relevante como mediador en conflictos internacionales, incluida la guerra entre Irán e Irak. Sin embargo, esta etapa no estuvo exenta de fricciones, especialmente cuando las autoridades argelinas percibieron posibles interferencias externas en su seguridad interna.

La ruptura más significativa se produjo en los años noventa, durante la llamada “década negra”. En ese periodo, Argel acusó a Irán de apoyar a grupos islamistas armados, lo que llevó a la suspensión de relaciones diplomáticas. Este episodio dejó una huella duradera y condicionó durante años la relación bilateral.

A partir de los años 2000, se inició una normalización progresiva. Bajo la presidencia de Abdelaziz Bouteflika, Argelia restableció relaciones con Teherán y desarrolló una cooperación basada en el pragmatismo, especialmente en ámbitos políticos y energéticos. En ese marco, Argel defendió en foros internacionales el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, en coherencia con su defensa del principio de soberanía estatal.

En el contexto actual, marcado por la guerra en torno a Irán, lo que se observa no es tanto una ruptura como una diplomacia de cautela. Argelia busca preservar su margen de maniobra en un escenario internacional cada vez más condicionado por las grandes potencias, evitando posicionamientos que puedan comprometer sus intereses estratégicos.


Una constante: el Sáhara Occidental sigue sin solución política

A pesar de estos movimientos geopolíticos, la cuestión central permanece sin cambios. El Sáhara Occidental continúa siendo un territorio pendiente de descolonización, reconocido como tal por Naciones Unidas, y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación sigue sin materializarse.

Las dinámicas actuales tienden a integrar este conflicto en lógicas de alianzas y equilibrios de poder que lo desbordan. El riesgo es evidente: que la cuestión saharaui quede subordinada a intereses estratégicos más amplios, alejándose aún más de una solución basada en el derecho internacional.

La guerra en torno a Irán ilustra precisamente esta tendencia. Muestra cómo el Sáhara Occidental puede verse afectado indirectamente por decisiones geopolíticas globales, sin que ello implique avances reales hacia su resolución.


Conclusión

La situación actual confirma una evolución de fondo: el Sáhara Occidental se inserta cada vez más en dinámicas internacionales que trascienden su marco original de descolonización. Estas recomposiciones refuerzan alianzas y redefinen equilibrios regionales, pero no abordan la cuestión esencial.

Al contrario, existe el riesgo de que prolonguen un conflicto ya enquistado, en el que los intereses geoestratégicos siguen prevaleciendo sobre el cumplimiento del derecho internacional y sobre el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro.


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