El artículo «Sahara occidental : Rabat accélère la rédaction du nouveau plan d’autonomie», publicado por Africa Intelligence el 20 de enero de 2026, confirma que Marruecos prepara una nueva versión de su plan de “autonomía” para el Sáhara Occidental con la intención de presentarla antes de la revisión estratégica de la MINURSO prevista para abril. Más allá del calendario y de los nombres implicados en su redacción, el texto ofrece una radiografía precisa de la operación diplomática en marcha, pero también deja al descubierto —por lo que dice y, sobre todo, por lo que omite— los límites políticos y jurídicos de una propuesta que no altera en absoluto el bloqueo de fondo del proceso de descolonización.
Según Africa Intelligence, el Palacio Real quiere cerrar el documento tras el mes de ramadán y hacerlo público antes de que Naciones Unidas evalúe a mitad de mandato el papel de la MINURSO. La secuencia no es casual. Rabat busca llegar a esa cita con un texto “nuevo” que permita hablar de avances y movimiento político, en un contexto en el que no existe ninguna negociación real ni proceso político reactivado bajo auspicio de la ONU. La aceleración responde, así, menos a una dinámica de diálogo que a una estrategia de posicionamiento.
El medio francés subraya que el nuevo plan tendría unas diez páginas y ampliaría el documento de 2007, reducido hasta ahora a 35 puntos y claramente superado por el paso del tiempo. Marruecos aspira a que esta versión más detallada permita a la MINURSO informar de supuestos progresos basados en la iniciativa marroquí, justo antes de que el Consejo de Seguridad vuelva a abordar el expediente saharaui con la mediación de Staffan de Mistura. Se trata, en esencia, de influir en el relato institucional, no de modificar los parámetros del conflicto.
Uno de los aspectos más sensibles señalados por Africa Intelligence es la inclusión de un órgano de “representación política” para los refugiados saharauis de los campamentos de Tinduf. El artículo presenta esta idea como un elemento clave del nuevo plan y la vincula a una supuesta “mano tendida” a Argelia, acompañada de una reafirmación formal de la inviolabilidad de sus fronteras. Sin embargo, esta formulación encubre una maniobra bien conocida: intentar desplazar el foco del conflicto hacia Argelia y, al mismo tiempo, cuestionar indirectamente la representatividad del Frente Polisario, reconocido por Naciones Unidas como único y legítimo representante del pueblo saharaui.
El texto también apunta a las tensiones internas que genera el proyecto. Marruecos se enfrenta a una contradicción estructural difícil de resolver: cómo ofrecer una “autonomía verdadera” sin poner en cuestión la soberanía del Estado central. Africa Intelligence reconoce que el modelo de regionalización avanzada en estudio implicaría una reforma constitucional, un punto raramente admitido en el discurso oficial marroquí y que revela hasta qué punto el plan choca con los límites políticos del propio régimen.
Hasta aquí, lo que el artículo dice. Pero lo más revelador está en lo que no dice.
Africa Intelligence evita situar el plan en su marco jurídico real. No recuerda que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo pendiente de descolonización, ni que Marruecos no tiene soberanía reconocida sobre el territorio. La referencia a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad aparece descontextualizada, como si constituyera un respaldo político suficiente, sin explicar que ninguna resolución del Consejo sustituye el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación ni valida soluciones impuestas.
Tampoco se señala que la creación de órganos de representación alternativos para los refugiados saharauis entra en contradicción directa con el marco establecido por Naciones Unidas. Presentar esta iniciativa como un gesto técnico o conciliador oculta su verdadera finalidad: fragmentar la representación saharaui y debilitar al interlocutor reconocido en el proceso político.
El artículo guarda silencio, además, sobre un hecho esencial: no hay negociaciones en curso. No existe una mesa convocada, ni una agenda acordada, ni un calendario bajo auspicio de la ONU. La estrategia de Rabat consiste en convertir una iniciativa unilateral en un supuesto “avance”, confiando en que la MINURSO y el Consejo de Seguridad recojan esa narrativa por inercia o conveniencia política.
Por último, Africa Intelligence no aborda la dimensión temporal del fracaso. Este “nuevo” plan es, en realidad, la reformulación de una propuesta que lleva casi veinte años sobre la mesa y que no ha prosperado precisamente por no ajustarse a los principios del derecho internacional. La aceleración actual no refleja dinamismo político, sino estancamiento estratégico y necesidad de ganar tiempo.
En definitiva, el artículo confirma que Marruecos no prepara una solución, sino una operación diplomática cuidadosamente calibrada. Cambia el formato, ajusta el calendario y afina el discurso, pero no modifica el fondo: la negación del derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. Lo que se acelera no es el proceso de paz, sino el envoltorio de una propuesta que sigue sin responder a la cuestión central.
Victoria G. Corera
Origen: Maroc • Sahara occidental : Rabat accélère la rédaction du nouveau plan d’autonomie
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