Sáhara Occidental: entre la narrativa de avance y la realidad del bloqueo

En los últimos días, el Sáhara Occidental parece haber entrado en una fase de intensa actividad diplomática. Declaraciones sobre un supuesto “impulso” en el proceso político, apoyos internacionales al plan marroquí y movimientos estratégicos en el plano militar dibujan un escenario en apariencia dinámico.

Sin embargo, una lectura más detenida muestra una realidad distinta. Más que avances concretos, lo que se está consolidando es una narrativa de avance.

En el plano de Naciones Unidas, las filtraciones sobre la última sesión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad apuntan a un “impulso real” en el proceso político. El enviado personal del secretario general, Staffan de Mistura, habría señalado la existencia de una “oportunidad” para avanzar hacia una solución. Pero más allá de estas formulaciones, no se ha producido ningún cambio sustancial: ni avances en el referéndum de autodeterminación, ni acuerdos concretos entre las partes, ni una redefinición del mandato de la MINURSO que altere el statu quo.

En paralelo, varios países europeos han reiterado en los últimos días su apoyo al plan de autonomía marroquí, repitiendo una fórmula ya conocida: “la base más seria, creíble y pragmática”. Reino Unido, Suiza o Austria no introducen elementos nuevos, sino que se alinean con una tendencia discursiva que se ha ido consolidando en los últimos años, sin que ello implique un reconocimiento jurídico de la soberanía marroquí sobre el territorio.

A este contexto diplomático se suma la dimensión estratégica. El desarrollo del ejercicio militar African Lion 2026, con la participación de Estados Unidos y Marruecos, evidencia el refuerzo de la cooperación militar en la región. La presencia de bombarderos estratégicos estadounidenses junto a la aviación marroquí no es un hecho menor: proyecta una imagen de alianza y de capacidad operativa que trasciende el ámbito estrictamente militar y se inserta en la lógica de influencia regional.

A esta dimensión estratégica se suma además un movimiento significativo en el plano diplomático. La visita prevista del vice-secretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, a Argelia entre el 27 de abril y el 1 de mayo confirma la intensificación de los contactos entre Washington y Argel en un momento clave. Este acercamiento, centrado en la seguridad regional y la cooperación económica, refleja una dinámica más compleja de la que sugieren algunas lecturas simplificadas del conflicto del Sáhara Occidental. Lejos de una alineación exclusiva, Estados Unidos refuerza simultáneamente sus relaciones con distintos actores regionales, lo que pone de relieve que el equilibrio estratégico en el Magreb y el Sahel sigue abierto.

Pero es en el terreno narrativo donde se observa con mayor claridad la dinámica actual. La insistencia en ideas como la centralidad exclusiva del plan de autonomía o propuestas como el “desmantelamiento” de los campamentos de refugiados de Tinduf no responde a avances reales sobre el terreno, sino a la construcción de un marco discursivo orientado a redefinir los términos del conflicto.

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Este tipo de planteamientos, que reaparecen de forma cíclica, buscan proyectar la idea de que determinadas soluciones están ya en marcha o cuentan con un respaldo internacional consolidado. Sin embargo, en la práctica, el conflicto sigue anclado en los mismos puntos de bloqueo que lo han caracterizado durante décadas.

En este sentido, el momento actual no puede entenderse como una fase de resolución, sino como una fase de reconfiguración narrativa. Se intensifican los mensajes, se multiplican los gestos diplomáticos y se refuerzan determinadas alianzas, pero sin que ello se traduzca en avances tangibles hacia una solución conforme al derecho internacional.

En definitiva, el Sáhara Occidental vuelve a situarse en un terreno conocido: el de la distancia entre el discurso y la realidad. Mientras el lenguaje político habla de oportunidades y de impulso, el proceso sigue sin resolver la cuestión central: el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.