Sáhara Occidental: Septiembre de 1997, mi primer viaje a los campamentos saharauis

Sáhara Occidental: Septiembre de 1997, mi primer viaje a los campamentos saharauis

Septiembre de 1997, cuando el referéndum parecía posible

Hay viajes que uno recuerda por lo que fue a hacer. Otros por lo que encontró al llegar. Mi primer viaje a los campamentos de refugiados saharauis, en septiembre de 1997, pertenece claramente al segundo grupo.

Había viajado para participar en la Conferencia Internacional de Apoyo al Plan de Paz para el Sáhara Occidental. Eran años de expectativas. La guerra había terminado unos años antes y muchas personas creíamos sinceramente que el proceso impulsado por Naciones Unidas podía desembocar en el referéndum de autodeterminación prometido al pueblo saharaui. Vista desde hoy, aquella fotografía de la conferencia refleja una época muy concreta: la de quienes pensaban que la espera estaba llegando a su fin.

Sin embargo, lo que terminó marcando aquel viaje no fue la conferencia. Fue el descubrimiento de una realidad que hasta entonces sólo conocía a través de fotografías, artículos y testimonios. Los campamentos saharauis eran para mí un lugar remoto, situado en medio del desierto argelino, del que había oído hablar durante años sin haberlo visto nunca.

Recuerdo especialmente la llegada a la wilaya de Bojador, entonces Escuela 27 de febrero. Las calles de arena, las jaimas, las casas de adobe, los niños que se acercaban con naturalidad a los visitantes y aquella sensación difícil de explicar de estar entrando en una comunidad organizada que había conseguido construir una sociedad en condiciones extremadamente difíciles. Lo que más me sorprendió no fue la dureza del entorno. Fue la vida que había en él.

Tinduf 1997

Para llegar hasta allí era necesario pasar por Tinduf, una pequeña ciudad argelina muy distinta de la actual. La presencia militar era visible y formaba parte de la normalidad de una región marcada por las consecuencias de los conflictos que habían sacudido el Magreb y el Sahel durante aquellos años. Todo parecía lejano, aislado y complicado. Quizá por eso el recibimiento saharaui impresionaba todavía más.

Recuerdo que una de las sorpresas de aquel primer viaje fue descubrir que los campamentos no se parecían en nada a la imagen que yo mismo me había formado desde España. Esperaba encontrar únicamente un gran campamento de refugiados en medio del desierto. Lo que encontré fue una sociedad organizada, con escuelas, hospitales, instituciones, actividad política y una vida cotidiana mucho más rica de lo que imaginaba. Aquello me ayudó a entender por primera vez que la causa saharaui no era sólo una reivindicación política, sino también la historia de un pueblo que había conseguido mantener viva su identidad nacional a cientos de kilómetros de su tierra.

La hospitalidad dejó de ser una idea para convertirse en una experiencia concreta. Desde el primer momento tuve la sensación de que nadie llegaba como un extraño. Aquel pueblo que llevaba más de dos décadas viviendo en el exilio encontraba siempre espacio para recibir, acompañar y compartir.

El 27 de febrero en septiembre de 1997

Han pasado casi treinta años desde aquellas imágenes. El referéndum que entonces parecía cercano sigue sin celebrarse. Los niños que aparecen en estas fotografías son hoy adultos. Algunas de las personas que conocí ya no están. Pero cuando vuelvo a mirar estas escenas, sigo recordando la misma impresión: la de descubrir un pueblo que había perdido su tierra, pero no su dignidad, ni su capacidad de organizarse, ni su esperanza.

Aquella primera visita fue mucho más que un viaje a los campamentos saharauis. Fue el comienzo de una relación personal con una causa y con un pueblo que, desde entonces, forman parte inseparable de mi vida.

Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental – MEMORIA VISUAL SAHARAUI