Sánchez anima a los demás partidos a sumarse a la traición al pueblo saharaui – Diario16

Sánchez anima a los demás partidos a sumarse a la traición al pueblo saharaui – Diario16

 

El presidente no convence en el Congreso de los Diputados, por donde ha pasado para explicar el cambio de posición de España en el asunto del Sáhara Occidental

Pedro Sánchez ha tenido que hacer auténticos malabarismos retóricos, en el Parlamento, para explicar el brusco cambio de posición de España respecto al oprimido pueblo saharaui. Durante décadas, el Estado español defendió el derecho a la autodeterminación del Sáhara Occidental en la línea de lo establecido por Naciones Unidas. Sin embargo, tras el incidente fronterizo entre España y Marruecos de mayo de 2021 –un salto masivo a la valla de miles de personas orquestado por el rey Mohamed VI para desestabilizar a nuestro país–, todo cambió. España terminó tragando con el plan yanqui-marroquí para dotar de una autonomía a la región siempre bajo soberanía del régimen de Rabat. Y aquí paz y después gloria.

Claramente, el monarca alauí, con el apoyo inquebrantable de Washington, ganó aquella partida, y Sánchez tuvo que ponerse de rodillas. Todavía hoy no sabemos por qué el presidente del Gobierno dio un giro radical a la tradicional política internacional española respecto al conflicto saharaui, aunque mucho nos tememos que algo tuvo que ver el espionaje de Pegasus, el potente programa informático que en aquellos días hackeó el teléfono móvil del premier socialista robándole más de dos gigas de información personal y secretos de Estado. Si es cierto que los servicios de inteligencia marroquíes estuvieron detrás de aquello, no se debe descartar que Sánchez pudiera haber sufrido algún tipo de chantaje, pero eso no lo sabremos nunca teniendo en cuenta que Moncloa se ha negado sistemáticamente (y se sigue negando) a aclarar el turbio episodio. Los españoles tienen derecho a saber qué fue lo que ocurrió en aquellas fechas trascendentales, si hubo extorsión al más alto nivel, si no la hubo, si fueron los agentes de Mohamed VI o de la CIA quienes terminaron por decantar la balanza del lado del régimen de Rabat, si el CNI tuvo algo que ver en todo este embrollo o el suceso tiene una explicación mucho más sencilla. Sin embargo, todo lo que rodea a este feo asunto sigue envuelto en un espeso misterio, en una falta de transparencia casi absoluta, en una sospechosa opacidad que perjudica gravemente la buena salud de la democracia española.

Hoy Sánchez tenía ante sí la difícil papeleta de explicarse en el Congreso de los Diputados y salir ileso del trance, lo cual no resultaba nada fácil. No ha convencido a nadie, salvo a los suyos. La tesis que ha tratado de mantener ante el resto de las fuerzas políticas es que España no se ha desentendido en ningún momento de la “causa del pueblo saharaui”. La coartada no solo supone una flagrante falsedad (todo el planeta ha podido ver en tiempo real cómo ha sido la serie de acontecimientos históricos) sino un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. España se ha despreocupado del futuro de un pueblo al que nos unían estrechos lazos culturales y fraternales pero lo peor de todo es que ha arrojado el Sáhara en las garras de un dictador, que constata cómo su política de hechos consumados, su asalto a la frontera del Tarajal, su guerra híbrida contra España en todos los frentes, empieza a dar sus frutos. La claudicación ante una satrapía infecta constituye un desastre mayúsculo para la democracia española. Hoy los saharauis ven cómo la esperanza de celebrar un referéndum se aleja irremisiblemente y cómo han terminado cayendo en la órbita de un régimen autócrata que no respeta los derechos humanos. Diga lo que diga el señor Sánchez, los hemos dejado tirados, abandonados a su suerte, en mitad del desierto y a medio descolonizar.

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