Somalilandia y el Sáhara Occidental: la intangibilidad de las fronteras africanas frente al doble rasero diplomático

Somalilandia y el Sáhara Occidental: la intangibilidad de las fronteras africanas frente al doble rasero diplomático

La reacción de la Unión Africana ante Somalilandia y el doble rasero aplicado al Sáhara Occidental

La reciente reacción de la Unión Africana al anuncio del reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un gesto menor ni un simple posicionamiento regional. Es, en realidad, una reafirmación contundente de uno de los pilares fundacionales del orden africano contemporáneo: el principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas de la colonización, consagrado en 1964 por la Organización de la Unidad Africana y hoy plenamente vigente en el Acta Constitutiva de la Unión Africana.

En su comunicado del 26 de diciembre de 2025, la Comisión de la Unión Africana rechaza sin ambigüedades cualquier iniciativa destinada a reconocer a Somalilandia como entidad independiente y recuerda que dicho territorio forma parte integrante de la República Federal de Somalia. La UA no se limita a expresar solidaridad política con Mogadiscio, sino que subraya que cualquier intento de fragmentación territorial “sienta un precedente peligroso” con implicaciones profundas para la paz y la estabilidad del continente.

La posición de la UA ha sido respaldada por numerosos Estados africanos y árabes. Arabia Saudí, por ejemplo, ha condenado expresamente el reconocimiento de Somalilandia por Israel y ha reiterado su apoyo a la soberanía y la integridad territorial de Somalia. El mensaje es claro: África no acepta cambios unilaterales de fronteras ni legitimaciones externas de realidades creadas al margen del derecho internacional.

Ahora bien, esta firmeza africana plantea inevitablemente una pregunta incómoda cuando se observa el comportamiento de algunos de esos mismos actores en relación con el Sáhara Occidental.

No son casos idénticos, pero el principio es el mismo

Conviene ser rigurosos: Somalilandia y el Sáhara Occidental no son casos homologables. Somalilandia es una región que se separó unilateralmente de Somalia en 1991, tras el colapso del Estado somalí, y cuya independencia no ha sido reconocida por la comunidad internacional ni por la Unión Africana. El Sáhara Occidental, en cambio, es un territorio no autónomo pendiente de descolonización, reconocido como tal por Naciones Unidas, ocupado militarmente por Marruecos desde 1975 y cuyo pueblo tiene un derecho a la autodeterminación explícitamente consagrado por el derecho internacional.

Precisamente por eso, el paralelismo no debe hacerse en los términos de “secesión” o “independencia”, sino en el plano del principio jurídico que se invoca.

La Unión Africana rechaza Somalilandia porque considera que reconocerla vulneraría la intangibilidad de las fronteras africanas heredadas de la independencia. Pero ese mismo principio debería impedir también la legitimación de una ocupación territorial como la del Sáhara Occidental, que altera por la fuerza un territorio colonialmente delimitado y pendiente de un proceso de autodeterminación inconcluso.

La intangibilidad que incomoda a Marruecos

Desde hace años, Marruecos desarrolla una intensa campaña diplomática para obtener reconocimientos bilaterales de su supuesta “soberanía” sobre el Sáhara Occidental. Aperturas de consulados, declaraciones conjuntas ambiguas y apoyos políticos sin valor jurídico son presentados como avances irreversibles, pese a que no alteran en absoluto el estatus legal del territorio.

Lo significativo es que muchos de los Estados que rechazan —con razón— el reconocimiento de Somalilandia, participan al mismo tiempo en esta estrategia marroquí, avalando de facto una anexión que contradice los mismos principios que dicen defender en África Oriental.

La paradoja es evidente: no se puede invocar la intangibilidad de las fronteras africanas para defender la unidad de Somalia y, simultáneamente, tolerar o apoyar la ocupación del Sáhara Occidental, que viola ese principio desde hace casi cinco décadas.

El precedente que África no puede permitirse

La propia Unión Africana advierte, en su comunicado sobre Somalilandia, del “precedente peligroso” que supondría legitimar entidades o realidades territoriales creadas al margen del derecho internacional. Esa advertencia vale también —y quizá con mayor razón— para el Sáhara Occidental.

Aceptar que una ocupación militar pueda consolidarse mediante reconocimientos políticos selectivos abre la puerta a una reinterpretación oportunista del orden territorial africano. Y ese es un riesgo que África conoce demasiado bien.

Por eso, el debate sobre Somalilandia no puede aislarse del Sáhara Occidental. No porque los casos sean idénticos, sino porque el principio que se invoca para uno debe valer para todos. La intangibilidad de las fronteras africanas no puede ser una herramienta selectiva, aplicada cuando conviene y relativizada cuando incomoda a alianzas estratégicas o intereses geopolíticos.

Normalizar sin reconocer: una erosión silenciosa del principio

En este contexto, resulta significativo que, mientras la Unión Africana rechaza cualquier reconocimiento de Somalilandia, actores externos comiencen a avanzar por vías indirectas. Según informaciones difundidas por MM Somali TV, el Congreso de Estados Unidos ha aprobado un proyecto de ley destinado a facilitar los viajes y la inversión en Somalilandia, incluida la apertura de una oficina estadounidense en Hargeisa y su exclusión de las alertas de viaje aplicables al conjunto de Somalia.

Aunque esta iniciativa no equivale a un reconocimiento formal, sí introduce una normalización política y económica diferenciada que separa de facto a Somalilandia del marco estatal somalí. Presentadas como medidas técnicas, este tipo de decisiones contribuyen a erosionar gradualmente el principio de intangibilidad de las fronteras africanas sin cuestionarlo abiertamente. Es el mismo patrón que Marruecos intenta aplicar en el Sáhara Occidental mediante consulados y apoyos selectivos: normalizar la ocupación sin alterar el derecho, pero desgastándolo.

Carlos C. García

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