El SÁHARA OCCIDENTAL derrota a Trump y Marruecos en el Consejo de Seguridad

La bandera saharaui ondea como símbolo de alegría, dignidad y esperanza tras el rechazo en el Consejo de Seguridad del proyecto estadounidense que pretendía imponer la autonomía marroquí como única base de negociación.

OPINIÓN | El intento de Estados Unidos de imponer la autonomía marroquí como única base de negociación sobre el Sáhara Occidental ha fracasado. El veto ruso impidió que el Consejo de Seguridad aprobara una resolución que pretendía alterar el marco de descolonización y relegar el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. Una derrota política de Washington y Rabat que merece ser reconocida y celebrada.

No voy a ocultar mi satisfacción por lo ocurrido el 30 de octubre en el Consejo de Seguridad. La Administración de Donald Trump pretendía sacar adelante una resolución que consagrara la autonomía bajo soberanía marroquí como única base de negociación sobre el Sáhara Occidental. Contaba con el respaldo de Francia, Reino Unido y otros miembros del Consejo. Consiguió once votos favorables. Pero no consiguió su objetivo. El veto de Rusia bloqueó un proyecto que Washington había presentado como el camino para cerrar definitivamente una cuestión de descolonización que sigue pendiente.

Lo que pretendía Estados Unidos era políticamente inaceptable. No se limitaba a renovar la MINURSO: quería eliminar de su denominación la referencia al referéndum y convertir la propuesta de una de las partes, Marruecos, en el único marco posible para negociar. Era un intento de sustituir el derecho de autodeterminación por una solución decidida de antemano. El pueblo saharaui podía ser consultado, pero únicamente dentro de los límites de la soberanía marroquí. Una manera de vaciar de contenido el principio que Naciones Unidas está obligada a respetar.

El Frente POLISARIO desempeñó un papel fundamental en la oposición a ese proyecto. Desde las primeras negociaciones advirtió de que no aceptaría una resolución que pretendiera imponer una solución bajo soberanía marroquí. Su representación ante Naciones Unidas rechazó el intento de convertir la propuesta de autonomía en la única base negociadora y defendió que el pueblo saharaui no podía quedar excluido de la decisión sobre su propio futuro. Esa firmeza política estuvo acompañada por las movilizaciones desarrolladas durante los días anteriores en los campamentos de refugiados, donde miles de saharauis expresaron su rechazo al proyecto estadounidense.

La derrota estadounidense tiene además un significado que trasciende el enfrentamiento entre Washington y Moscú. Rusia recordó que el Consejo de Seguridad no puede decidir por sí mismo sobre la soberanía del Sáhara Occidental ni apartarlo de la agenda de descolonización. China denunció las presiones para imponer un resultado predeterminado. Y Dinamarca, pese a votar a favor del proyecto, aclaró expresamente que su voto no suponía reconocer la soberanía marroquí. Ni siquiera los once apoyos podían presentarse como un reconocimiento colectivo de las pretensiones de Rabat.

El fracaso del proyecto estadounidense no solo bloqueó la pretensión de convertir la autonomía marroquí en la única base de negociación. También impidió abrir el proceso de transformación de la MINURSO previsto para 2027, una transformación que podía alterar profundamente la naturaleza de la misión creada para organizar el referéndum de autodeterminación.

Marruecos también ha sufrido una derrota política. Durante semanas, la diplomacia marroquí confió en que el proyecto estadounidense transformara su propuesta de autonomía en la referencia obligatoria del Consejo de Seguridad. No lo consiguió. Y su reacción posterior, reclamando la retirada de la MINURSO y que Naciones Unidas deje de ocuparse del Sáhara Occidental, muestra la profundidad de su desacuerdo con lo ocurrido. Rabat pretendía consolidar su posición mediante una resolución internacional; ahora reclama que la ONU abandone el escenario.

Pero esta jornada también pertenece al pueblo saharaui y al Frente POLISARIO, que ha sostenido su posición frente a las presiones diplomáticas. A quienes se movilizaron en los campamentos, a quienes mantienen viva la reivindicación de la autodeterminación en los territorios ocupados y a quienes llevan décadas defendiendo ese derecho desde el exilio y la diáspora. Su voz llegó al Consejo de Seguridad. El rechazo del Frente POLISARIO a una solución impuesta no fue una declaración simbólica: fue una posición política mantenida durante toda la negociación, que encontró respaldo en la movilización popular y en las objeciones expresadas por varios miembros del Consejo.

Trump ha perdido esta batalla diplomática. Marruecos también. Y el Frente POLISARIO, junto al pueblo saharaui, tiene motivos para celebrar que no haya prosperado una resolución que pretendía reducir la autodeterminación a la aceptación de la soberanía marroquí. Quienes llevamos años defendiendo ese derecho compartimos hoy esa satisfacción.

Después de tantas presiones y de tantos intentos de presentar la autonomía como un destino inevitable, el 30 de octubre ha dejado una conclusión política contundente: el Sáhara Occidental no se entrega por decreto estadounidense. Su futuro pertenece al pueblo saharaui.

Carlos C. García – Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL


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