Un «Consejo de paz» sin derecho ni legitimidad: Marruecos y la instrumentalización de la diplomacia – Victoria G. Corera

Un «Consejo de paz» sin derecho ni legitimidad: Marruecos y la instrumentalización de la diplomacia – Victoria G. Corera

La diplomacia marroquí ha anunciado con gran despliegue retórico la aceptación por parte de Mohamed VI de la invitación de Donald Trump para convertirse en “miembro fundador” de un supuesto Consejo de Paz. Detrás del lenguaje conciliador y de las referencias formales a la estabilidad internacional, se perfila una operación política sin base jurídica, que confirma el alineamiento estratégico de Marruecos con Washington y su desprecio persistente por el derecho internacional.

Un órgano sin mandato ni legitimidad internacional

El comunicado oficial presenta esta iniciativa como una organización internacional destinada a la resolución de conflictos. Sin embargo, no existe ningún marco multilateral reconocido que la respalde, ni mandato de Naciones Unidas, ni procedimiento colectivo de creación. Se trata de un mecanismo unilateral, diseñado fuera del sistema internacional vigente.

El hecho de que la participación dependa exclusivamente de una invitación personal del presidente de Estados Unidos es revelador. Este “Consejo de Paz” no nace como un espacio de concertación internacional, sino como un instrumento de poder político, concebido para sortear las instituciones multilaterales cuando estas imponen límites jurídicos o políticos incómodos.

Alineamiento con Washington y diplomacia de conveniencia

La adhesión entusiasta de Marruecos a este proyecto no es anecdótica. Se inscribe en una estrategia de alineamiento político con Estados Unidos, ya visible en la normalización con Israel y en la adhesión a los Acuerdos de Abraham. Bajo el discurso del pragmatismo y la cooperación, Rabat avala una concepción de la paz reducida a acuerdos securitarios y a una gestión tecnocrática de los conflictos.

Este enfoque margina deliberadamente los derechos políticos de los pueblos afectados y sustituye el derecho internacional por arreglos de conveniencia, negociados entre actores con relaciones de poder profundamente desiguales.

Sáhara Occidental: la contradicción central

La pretensión de presentar a Mohamed VI como un “actor de paz incontestable” constituye una inversión consciente de la realidad. El comunicado evita cualquier referencia a un hecho central: Marruecos es una potencia ocupante en el Sáhara Occidental, territorio no autónomo inscrito en la lista de la ONU desde 1963.

En los territorios ocupados, la represión, las restricciones a las libertades fundamentales y el expolio de los recursos naturales están ampliamente documentados. Mientras Rabat siga negando el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, ningún discurso sobre la paz puede considerarse creíble.

Palestina y el vaciamiento del derecho

La referencia final a la creación de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967 aparece como una fórmula retórica vacía. Repetida sin consecuencias prácticas, entra en contradicción directa con el alineamiento marroquí con una estrategia estadounidense que ha marginado sistemáticamente la cuestión palestina y erosionado los principios básicos del derecho internacional.

Una vez más, el contraste entre el discurso oficial y los hechos políticos resulta evidente.

Normalizar la injusticia bajo un discurso de paz

Este llamado Consejo de Paz no representa un avance diplomático ni una respuesta seria a los conflictos actuales. Es, ante todo, una herramienta de comunicación y de reposicionamiento geopolítico, destinada a otorgar una pátina de respetabilidad internacional a políticas que vulneran abiertamente el derecho.

Al sumarse a esta iniciativa, Marruecos no se sitúa del lado de la paz ni de la legalidad internacional, sino del lado de la normalización de la injusticia.

Mientras persista la ocupación del Sáhara Occidental y se siga negando al pueblo saharaui su derecho inalienable a decidir libremente su futuro, ninguna escenificación diplomática podrá ocultar la realidad. La paz no se proclama en comunicados oficiales: se construye sobre el respeto del derecho internacional. Y es precisamente eso lo que este “Consejo” —y quienes lo promueven— se empeñan en eludir.

Victoria G. Corera
Plataforma «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»


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