Vivencias de un niño Saharaui: «Me aterra, me llena de impotencia saber que lo que más temía-mos se ha hecho realidad»

Vivencias de un niño Saharaui: «Me aterra, me llena de impotencia saber que lo que más temía-mos se ha hecho realidad»

A SU JAIMA, NO.

Y sí, claro que me asusta. Me aterra, me llena de impotencia saber que lo que más temía -mos- se ha hecho realidad.

No lo voy a negar, tengo miedo. Muchísimo miedo. De hecho, creo que hacía tiempo que no me desvelaba tanto. Leía la noticia una y otra vez y sí, el Covid ha llegado a los campamentos y ojalá sea para no quedarse.

Mira que son hospitalarios, les encanta recibir visitas y siempre con buena cara, pero ojalá esta visita no le dé ni por descalzarse.

Y pacientes también son un rato, e incluso ingenuos, no tienen miedo a nada. Todo lo contrario. Que envidia que tengan esa capacidad de resistir a todo, pero os confieso que a veces dudo que resistencia signifique eso: afrontar absolutamente todo y con la actitud que lo afrontan ellos. Increíble.

Ojalá todo esto acabe. Y las jaimas vuelvan a ser un lugar sano y seguro para quienes han resistido todo este tiempo a todo tipo de adversidades.

Ojalá, no pierdan esa sonrisa que tanto les caracteriza. Que sigan llegando gente para tomar el té, charlar y acabar bailando o jugando a sig que tanto les gusta.

Ojalá, las arrugas de los ancianos. La esperanza de las embarazadas, el deseo de los jóvenes y la tímida sonrisa de los niños sea siempre el sostén de los campamentos.

Porque ahí donde no se vive, se sobrevive y florecen demasiado bien las personas. Las ganas. Los sueños. La esperanza pero sobre todo: el amor.