La vicepresidenta del Gobierno español se reunirá en Los Ángeles con el director Oliver Laxe y el equipo del filme nominado a dos premios Oscar. La producción fue rodada en el Sáhara Occidental, territorio que Naciones Unidas sigue considerando pendiente de descolonización.
La vicepresidenta segunda del Gobierno español y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ha viajado a Los Ángeles para asistir a la gala de la 98ª edición de los Premios Oscar y reunirse con el director Oliver Laxe y el equipo de la película Sirât, nominada a mejor película internacional y mejor sonido. La visita forma parte de la agenda institucional del Ejecutivo para mostrar apoyo a la delegación española presente en la ceremonia más importante del cine mundial.
Según informaciones recogidas por distintos medios, entre ellos Europa Press, Infobae y Marca, Díaz mantendrá encuentros con miembros de la delegación española vinculados a la película y con el propio Oliver Laxe antes de la gala que se celebra en el Dolby Theater de Hollywood. Entre los objetivos del viaje figura también respaldar al equipo técnico de sonido de Sirât, integrado por Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas, cuya nominación constituye un hito histórico al tratarse del primer equipo compuesto exclusivamente por mujeres que compite en esta categoría en los Oscar.
La noticia confirma así la implicación institucional del Gobierno español en la promoción internacional de la película. Sin embargo, en la mayoría de las informaciones difundidas en España apenas aparece un elemento fundamental del contexto: Sirât fue rodada en gran parte en el territorio del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos.
El hecho no es menor. El Sáhara Occidental sigue siendo considerado por Naciones Unidas un territorio pendiente de descolonización. Desde 1975, tras la retirada de España y la posterior ocupación marroquí, el conflicto permanece sin resolver mientras el pueblo saharaui continúa reclamando el ejercicio de su derecho a la autodeterminación.
A pesar de ello, la cobertura mediática del éxito internacional de la película ha tendido a presentar el desierto saharaui únicamente como un escenario cinematográfico, sin mencionar la realidad política y jurídica del territorio. El paisaje aparece como un decorado natural para el cine, mientras el conflicto que define ese territorio desaparece del relato público.
La presencia de una vicepresidenta del Gobierno español acompañando a la delegación de Sirât en los Oscar refuerza esa paradoja. España, antigua potencia administradora del Sáhara Occidental y país cuya responsabilidad jurídica respecto al proceso de descolonización sigue siendo objeto de debate en el derecho internacional, respalda institucionalmente una producción cinematográfica rodada en el territorio mientras la cuestión saharaui permanece ausente del debate político.
El contraste es significativo. Mientras la gala de los Oscar proyecta la imagen de un éxito cultural del cine español y se celebra el reconocimiento internacional de la película, el hecho de que parte de ese rodaje se haya realizado en un territorio pendiente de descolonización apenas ocupa espacio en la conversación pública.
En medio del brillo mediático de Hollywood y del legítimo orgullo por la presencia española en los premios de la Academia, el Sáhara Occidental vuelve a aparecer —una vez más— como un paisaje sin historia ni conflicto. Y ese silencio dice mucho sobre la manera en que el conflicto saharaui sigue siendo tratado en buena parte del discurso político y mediático europeo.
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