10 de mayo de 1973: el Frente Polisario en uno de los momentos más decisivos de su historia

Por Victoria G. Corera

El 10 de mayo de 1973 nació el Frente Polisario. Más de medio siglo después, aquella fecha sigue marcando el corazón político de la historia contemporánea del pueblo saharaui. No solo porque dio origen a un movimiento de liberación nacional que desafió primero al colonialismo español y después a la ocupación marroquí, sino porque todavía hoy continúa simbolizando algo que muchos actores internacionales llevan años intentando diluir: la existencia de un pueblo que no ha renunciado a decidir libremente su futuro.

Este aniversario llega además en uno de los momentos más delicados que ha vivido el conflicto saharaui en décadas.

Mientras Estados Unidos endurece su presión diplomática alrededor de la autonomía marroquí, mientras varios gobiernos occidentales repiten casi al mismo tiempo condenas contra las acciones del Ejército saharaui cerca de Smara, y mientras algunos aliados de Rabat empiezan incluso a hablar abiertamente de “terrorismo” y de “Sáhara marroquí”, el Frente Polisario vuelve a encontrarse ante una vieja realidad histórica: resistir cuando las grandes potencias deciden que el derecho internacional empieza a resultar incómodo.

Porque eso es precisamente lo que se está moviendo alrededor del Sáhara Occidental en estos momentos.

Ya no se trata solamente de un conflicto congelado pendiente de un referéndum que nunca llegó. Lo que empieza a perfilarse es un intento mucho más profundo de transformar la ocupación marroquí en una normalidad política internacional aceptable. Poco a poco, la autonomía deja de presentarse como una propuesta entre varias opciones posibles y empieza a aparecer como el único horizonte que ciertas potencias consideran admisible.

Y es precisamente ahí donde el aniversario del Frente Polisario adquiere este año un significado mucho más político de lo habitual.

Cuando el movimiento saharaui nació en 1973, el territorio seguía bajo administración española y Naciones Unidas ya reconocía oficialmente el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Aquellos jóvenes que fundaron el Polisario entendían que el tiempo colonial se agotaba y que la descolonización no llegaría sin organización política ni presión directa sobre la potencia administradora.

Dos años después llegó la Marcha Verde, la retirada española y el inicio de una guerra que transformó completamente el destino del territorio y de varias generaciones saharauis. Desde entonces, el Polisario ha atravesado etapas muy distintas: guerra abierta, reconocimiento internacional, alto el fuego, años de bloqueo diplomático, desgaste humanitario, presión regional y regreso parcial al conflicto armado tras 2020.

Pero si algo resulta políticamente significativo en 2026 es que el Frente Polisario continúa existiendo cuando muchos daban por hecha su desaparición hace años.

Sigue siendo reconocido por Naciones Unidas como parte del proceso político. La República Saharaui continúa siendo miembro de la Unión Africana. Los campamentos saharauis continúan funcionando como espacio político y social organizado. Y el propio conflicto sigue sin resolverse a pesar de medio siglo de ocupación, presión diplomática y hechos consumados.

Eso explica en parte la creciente dureza del discurso internacional que empieza a aparecer estas semanas.

Porque detrás de las condenas, de las referencias al “terrorismo” o de la insistencia permanente sobre la autonomía marroquí hay algo más profundo: la necesidad de vaciar políticamente la cuestión saharaui y transformarla en un simple problema de estabilidad regional, seguridad o alianzas estratégicas.

El problema para quienes intentan cerrar así el conflicto es que el Sáhara Occidental sigue siendo, jurídicamente, un territorio pendiente de descolonización. Y el pueblo saharaui sigue existiendo como sujeto político, histórico y nacional, algo que ni la ocupación ni el paso del tiempo han conseguido borrar.

Por eso el 10 de mayo no es solamente una conmemoración histórica.

Es también un recordatorio incómodo en medio del nuevo clima geopolítico que rodea al conflicto: la cuestión saharaui no desapareció cuando España abandonó el territorio en 1975, tampoco desapareció con el alto el fuego de 1991 y probablemente tampoco desaparecerá porque algunas potencias internacionales decidan ahora presentar la autonomía marroquí como única salida posible.

Más de cincuenta años después, el Frente Polisario sigue representando precisamente eso: la persistencia de un conflicto que nunca llegó realmente a resolverse y la continuidad de una reivindicación nacional que continúa chocando con intereses geopolíticos cada vez más poderosos.

Y quizá sea precisamente por eso por lo que este aniversario llega en uno de los momentos más decisivos de toda su historia.